Impresiones de lectura: «Momentos estelares de la humanidad» de Stefan Sweig

por Miriam Ardizzone

Editora y lectora profesional. Especialista en literatura Latinoamericana contemporánea. Como profesional del libro se ha desarrollado en España, Venezuela y Colombia. En la actualidad, acompaña a personas que escriben a publicar sus libros.


Leer en 2025 un libro cuya versión definitiva se publicó en 1940 tiene algo de experimento temporal. Es asomarse a una forma de ver el mundo que ha resistido el paso de las décadas. Zweig envejece bien, pero también deja ver con claridad que su mirada, aunque aguda, es la de otro siglo. Su forma de narrar tiene un aire didáctico, incluso pedagógico, que hoy en día puede parecer un tanto paternalista, pero funciona. El autor guía al lector con mano firme, explicando, preguntando, respondiéndose a sí mismo. Un estilo cercano, casi como si conversara con nosotros.

Lo que más me sorprendió es la amplitud de su selección: del mundo clásico con Cicerón, hasta el siglo XX. El recorrido no es cronológico, pero sí ambicioso. Empezar con un intelectual romano no es casual —nos está diciendo que ahí están los cimientos del pensamiento, de la civilización, de lo humano. Y esa es, justamente, una de las grandes virtudes del libro: no solo nos cuenta hechos históricos, también nos muestra cómo se pensaba en esos momentos, qué movía a las personas.

Las miniaturas de Zweig no glorifican. Más bien, humanizan. Nos presenta a personajes movidos por pasiones, errores, intuiciones, la vulnerabilidad de Cicerón, la viveza de Balboa, la obstinación de los emprendedores, la torpeza o el impulso del momento. Todos cargan con lo más inquietante de la condición humana: esa mezcla de razón y emoción, de grandeza y debilidad.

Me pareció muy potente que Zweig resalte cómo los errores se repiten, cómo la historia se dobla sobre sí misma. “La humanidad piensa siempre igual”, parece decirnos, aunque lo haga vestida de época.

Me gustaría destacar dos textos que me impactaron especialmente:

  • Dostoievski, 1849

Una pieza profundamente literaria. Aquí, Zweig sugiere más de lo que dice, juega con lo no dicho, con la tensión contenida. Me pareció uno de los relatos más sutiles del libro. Es un texto que se abre más desde la emoción que desde el dato histórico, y eso le da una fuerza muy especial.

  • El primer cable submarino, 1858

Una historia casi olvidada, pero que Zweig convierte en una epopeya íntima. Logra que entendamos el esfuerzo técnico, el drama humano, la dimensión emocional del logro. Al mismo tiempo, lo hace con imágenes tan plásticas que parece que estuviéramos ahí.

Zweig tiene momentos de gran lirismo. Describe, por ejemplo, dos relojes sonando como “los corazones de dos pájaros”. Esa delicadeza narrativa lo aleja del simple cronista, lo acerca al artista.

Un detalle no menor: las mujeres están prácticamente ausentes. En este fresco de acontecimientos que atraviesan siglos, no aparecemos, parece que no dejamos huella. No brillamos ni siquiera como domésticas, institutrices, huérfanas, reinas ni prostitutas.  Es un vacío que se nota y que quizás hoy leeríamos con otra exigencia.

En resumen, Momentos estelares de la humanidad (Acantilado, 2012) es un viaje por lo humano más que por lo histórico. Es un libro que invita a pensar, a observar, a detenerse en el instante en que todo cambia. Nos recuerda que la historia no la hacen solo los grandes nombres, sino las decisiones concretas, los gestos mínimos, las pasiones desbordadas de personas en su momento más decisivo.


Pensar como humanos: un legado para el presente

por Enrique Titos Martínez

(Granada, 1960). Economista egresado del posgrado en IESE Business School y Kellogg Business University (EEUU) con trayectoria profesional en varios grupos financieros nacionales e internacionales, en las áreas financieras, de tesorería y seguros. Casado y padre de cuatro hijos; consejero y consultor de innovación en varias empresas, experto en procesos de transformación. Creador del Consejos Asesor de Innovación Abierta (CAIA) en Caser Seguros (Grupo Helvetia). Cofundador y Director del grupo El Alcázar de las Ideas, Jurado de los Premios Knowsquare, Fundador y Presidente de la Asociación Alexandreia Club de Lectura, y fundador de Cineforum Mensajes de Cine.


Las preguntas esenciales que nos hacemos hoy no son nuevas: desde las que cuestionan el bien y el mal, el sentido de la vida, la convivencia con otros hasta aquellas sobre la búsqueda de la felicidad. Aunque el mundo contemporáneo esté invadido por la tecnología, los derechos sociales o el progreso científico, nuestras inquietudes más profundas siguen siendo las mismas que las de quienes vivieron hace dos mil años. Por eso, Sabiduría antigua para tiempos modernos, de Mauro Bonazzi, resulta ser un libro tan actual como necesario.

El autor, profesor de filosofía italiano, traza un recorrido por el pensamiento griego desde una perspectiva clara y accesible, sin perder la profundidad. No se trata de un manual ni de una antología, sino de una invitación a pensar. En sus diecinueve breves capítulos, el libro propone un diálogo entre la filosofía clásica y los desafíos de la vida actual, reconociendo que muchas de las claves para entender el presente siguen escondidas en el pasado.

Uno de los hilos conductores del libro es la relación entre el pensamiento y el lenguaje. Bonazzi nos recuerda que el pensamiento es más que una actividad mental: es una forma de estar en el mundo, de relacionarnos con lo que nos rodea. Añadido a ello, el lenguaje, ese instrumento tan humano, es el medio con el que damos forma a nuestras ideas y las compartimos. Desde los mitos fundacionales hasta los tuits que recorren el mundo en segundos, todo está mediado por palabras. Sin pensamiento propio, esas palabras dejan de ser herramientas de entendimiento y se convierten en armas de división. 

En nuestros días, en un contexto marcado por las redes sociales, los algoritmos y el exceso de información, recuperar el valor del pensamiento crítico es urgente. Como advierte el autor, estamos en riesgo de convertirnos en “infómatas” –imagen tomada de Byung-Chul Han. Éstos son devoradores pasivos de contenidos que refuerzan nuestras creencias sin espacio para la duda o la escucha. La filosofía, en cambio, nos recuerda que comprender al otro también es un ejercicio de sabiduría.

La historia que abre el libro, tomada de La Ilíada, resume con fuerza estas ideas. El duelo entre Aquiles y Príamo no es sólo un pasaje literario: es una escena que habla de compasión, del poder transformador del diálogo y del reconocimiento del otro en su humanidad. Esa misma actitud, parece decir Bonazzi, es la que necesitamos hoy para enfrentar los conflictos. 

El autor no cae en nostalgias ni idealizaciones. Más bien, plantea un “realismo posible” o un modo de pensar el mundo que reconoce la diversidad de tradiciones filosóficas y culturales sin renunciar a la posibilidad de un lenguaje común. Si algo ha cambiado desde la Antigua Grecia es que ya no basta con pensar desde un único lugar. En un mundo global, pensar también es convivir.Sabiduría antigua para tiempos modernos es un libro brújula para nuestros tiempos, donde pensar, sentir y dialogar siguen siendo actos profundamente humanos.


El viaje del conocimiento: ciudades, ideas y transformación

por Enrique Titos Martínez

(Granada, 1960). Economista egresado del posgrado en IESE Business School y Kellogg Business University (EEUU) con trayectoria profesional en varios grupos financieros nacionales e internacionales, en las áreas financieras, de tesorería y seguros. Casado y padre de cuatro hijos; consejero y consultor de innovación en varias empresas, experto en procesos de transformación. Creador del Consejos Asesor de Innovación Abierta (CAIA) en Caser Seguros (Grupo Helvetia). Cofundador y Director del grupo El Alcázar de las Ideas, Jurado de los Premios Knowsquare, Fundador y Presidente de la Asociación Alexandreia Club de Lectura, y fundador de Cineforum Mensajes de Cine.


La historia del conocimiento es también la historia de su transmisión. En La ruta del conocimiento, Violet Moller reconstruye el trayecto que las ideas científicas recorrieron entre los siglos V y XV. Durante este periodo de transición, el saber encontró refugio en diferentes ciudades antes de resurgir con fuerza en el Renacimiento. Con un recorrido por Alejandría, Bagdad, Córdoba, Toledo, Salerno, Palermo y Venecia, la escritura nos muestra cómo la ciencia y la filosofía no sólo sobrevivieron, sino que evolucionaron y se enriquecieron al contacto con diversas culturas.

A menudo se considera la etapa mencionada como una «de penumbra», en la que la religión eclipsó el pensamiento racional heredado por el mundo clásico. Sin embargo, Moller propone una visión más matizada: no sólo hubo conservación del conocimiento, sino también innovación, especialmente en el mundo islámico. Allí fue donde disciplinas como la astronomía, la medicina y las matemáticas encontraron un espacio de desarrollo, con avances que más tarde influirían en la ciencia europea. Un ejemplo clave es el álgebra, cuyo nombre deriva del matemático persa Al-Juarismi, o la medicina de Avicena, cuya ‘canon de medicina’ se estudió durante siglos en las universidades occidentales. 

El libro destaca el papel crucial de la traducción en la preservación del conocimiento. Obras fundamentales de la Antigüedad, como los Elementos de Euclides, el Almagesto de Ptolomeo o los tratados médicos de Galeno, fueron copiadas y traducidas a diferentes lenguas a medida que viajaban de una civilización a otra. La confluencia de sabios en ciudades como Córdoba o Toledo, donde musulmanes, cristianos y judíos colaboraban en la transmisión del saber, permitió que estas obras llegaran a la Europa medieval y sentaran las bases del pensamiento moderno.

Con la invención de la imprenta y el auge del Renacimiento, el conocimiento dejó de depender de la copia manual y aceleró su difusión. Este cambio marcó el inicio de una nueva era en la que la educación y el acceso a la información se democratizaron progresivamente. Sin embargo, Moller nos invita a reflexionar sobre una cuestión fundamental: ¿qué condiciones permitieron que estas ciudades se convirtieran en faros del conocimiento? La respuesta es clara: estabilidad política, tolerancia cultural, acceso a textos clave y la presencia de comunidades intelectuales capaces de interpretar y desarrollar nuevas ideas.

Estas mismas condiciones son esenciales en la actualidad. Si en el pasado fueron las ciudades de la ruta del conocimiento las que garantizaron la preservación y transmisión de las ideas, hoy nos enfrentamos a un escenario diferente. La digitalización ha multiplicado el acceso a la información, pero también ha generado un nuevo desafío: distinguir entre el conocimiento verificado y la desinformación. La velocidad con la que circulan los datos en la era digital hace más urgente que nunca la necesidad de pensamiento crítico y educación de calidad. El conocimiento sigue transformando el mundo. Su impacto depende de nuestra capacidad para comprenderlo y aplicarlo con responsabilidad. Como sugiere La ruta del conocimiento, la historia nos enseña que la acumulación de saber no es suficiente. Su verdadero valor radica en cómo lo usamos para construir sociedades más abiertas, justas y preparadas para los desafíos del futuro.


El destino no perdona a los ingenuos

por Enrique Titos Martínez

(Granada, 1960). Economista egresado del posgrado en IESE Business School y Kellogg Business University (EEUU) con trayectoria profesional en varios grupos financieros nacionales e internacionales, en las áreas financieras, de tesorería y seguros. Casado y padre de cuatro hijos; consejero y consultor de innovación en varias empresas, experto en procesos de transformación. Creador del Consejos Asesor de Innovación Abierta (CAIA) en Caser Seguros (Grupo Helvetia). Cofundador y Director del grupo El Alcázar de las Ideas, Jurado de los Premios Knowsquare, Fundador y Presidente de la Asociación Alexandreia Club de Lectura, y fundador de Cineforum Mensajes de Cine.


Los antiguos griegos inventaron el teatro y, con él, la tragedia. A través de estas historias, exploraban los dilemas humanos frente al destino y los dioses, buscando explicar lo inexplicable. En sus relatos, la fatalidad era inevitable: los héroes estaban atrapados en conflictos sin salida, donde cualquier elección llevaba al desastre. 

Este pensamiento trágico no se limitaba al teatro; estaba arraigado en la forma en que los griegos entendían el mundo. Los desastres naturales, las guerras o las desgracias personales no eran simples coincidencias, sino el resultado de la voluntad de los dioses. Si una sequía asolaba las cosechas, tal vez Deméter estaba enfadada; si una ciudad caía, los dioses habían retirado su favor.

La historia de Edipo es el ejemplo más claro de esta visión de la vida: un hombre que intenta huir de us destino solo para cumplir con precisión absoluta. Asesina a su padre sin saber quién es, resuelve el enigma de la esfinge y se convierte en rey, se casa con su madre y engendra hijos con ella. Cuando descubre la verdad, su castigo no es impuesto por los dioses ni por la sociedad, sino por su propia consciencia: se arranca los ojos, cegado por el peso de su destino.

Con Shakespeare, la tragedia se alejó de los dioses y se centró en los conflictos internos del ser humano. El rey Lear, por ejemplo, no trata de la voluntad divina, sino de las pasiones y errores de un hombre viejo que, en su soberbia, malinterpreta el amor de sus hijas y desata su propia ruina. Más allá del teatro, pensadores como Freud han analizado las pulsaciones humanas desde una perspectiva trágica, así como autores como Yuval Noah Harari en Sapiens han descrito cómo la humanidad ha asumido el papel de los dioses a través de la ciencia y la tecnología. Pero… ¿ha aprendido a pensar con mentalidad trágica?

En su libro La mentalidad trágica, Robert D. Kaplan retoma esta tradición para analizar el presente geopolítico. Kaplan no es un observador ‘circunstancial’: ha asesorado a la administración de Estados Unidos en asuntos estratégicos y ha sido testigo de las consecuencias de decisiones tomadas con ingenuidad o exceso de confianza. Según él, uno de los mayores errores de la política exterior de EEUU ha sido actuar sin prever “el día después”.  La guerra en Irak, la intervención en Afganistán o la caída de dictadores como Saddam Hussein o Muammar Gadafi fueron justificadas en términos morales, pero desembocaron en escenarios aún más caóticos. La lección es clara. No basta con eliminar un mal. Hay que preguntarse qué vendrá en su lugar. 

Kaplan reivindica la mentalidad trágica como una forma de asumir que el conflicto es inevitable y que las decisiones siempre tendrán consecuencias impredecibles. Alaba la visión de estadistas como Winston Churchill, quien –a diferencia de Neville Chamberlain– comprendió el peligro de apaciguar a Hitler o de líderes que saben leer la historia antes de que se repita. No se trata de actuar con fatalismo, sino de evitar la complacencia. La peor actitud ante el mundo es creer que los problemas están demasiado lejos como para afectarnos.

Hoy, la tragedia ocurre en tiempo real: Ucrania, Israel, Taiwán o los conflictos que atraviesan en África. Sin embargo, la memoria histórica de Occidente –en particular de EEUU– es corta. Como señala Kaplan, muchos votantes estadounidenses no comprenden la complejidad de estos conflictos, lo que abre la puerta a discursos populistas que promueven un repliegue estratégico, salvo que haya un beneficio económico directo.

En geopolítica, los mapas no explican todo. Son las emociones, las decisiones humanas y la historia las que marcan el rumbo. Por eso, Kaplan nos invita a mirar más allá de la comodidad del presente y asumir que la tragedia no es solo un elemento literario, sino una realidad cíclica. La historia no se repite de manera idéntica, pero como decía Mark Twain: rima. Solo aquellos que piensan con mentalidad trágica pueden anticipar su próxima estrofa.


Encuentros con la literatura: nuevas conexiones de Alexandreia


La comunidad de #lectoconversadores sigue creciendo y estableciendo vínculos con espacios de encuentro literario. En esta ocasión, Fran Hidalgo-Barquero, coordinador de uno de nuestros clubes de lectura, ha asumido la dirección de «La solapa de un libro», una actividad impulsada por la Fundación Foro de Foros, espacio de de pensamiento, debate y aprendizaje intergeneracional.

«La solapa de un libro» no es sólo un punto de encuentro entre lectores y escritores, sino también un espacio de reflexión en torno a la literatura y sus múltiples posibilidades, pues ofrece a los lectores la oportunidad de acercarse a los autores, dialogar con ellos y conocer de primera mano las novedades del mundo editorial. A través de una dinámica abierta y participativa, las sesiones permiten a los asistentes descubrir nuevas voces, compartir sus impresiones y construir una comunidad en torno a la palabra escrita. La iniciativa refuerza la idea de la lectura como una experiencia compartida y enriquecedora.

En sintonía con esta visión, hace algunas semanas lanzamos un nuevo club de lectura en Alexandreia, coordinado por el propio Hidalgo-Barquero. De temática general, éste buscará convertirse en un punto de referencia para quienes deben explorar una variedad de géneros y autores, sin restricciones temáticas. La propuesta responde a nuestro compromiso por ampliar las posibilidades de lectura y fomentar el diálogo entre miembros con intereses diversos.

Desde Alexandreia, celebramos la conexión entre ambos espacios y el impulso que representa para la comunidad lectora. El contar con protagonistas de actividades como «La solapa de un libro» en nuestros clubes nos empuja a alcanzar nuestro objetivo: hacer de la lectura una experiencia abierta, accesible y compartida.

Invitamos a todos los interesados a sumarse y a descubrir juntos el placer de leer. ⬥


Entre democracia y autoritarismo, dos conflictos en un mismo tablero

por Enrique Titos Martínez

(Granada, 1960). Economista egresado del posgrado en IESE Business School y Kellogg Business University (EEUU) con trayectoria profesional en varios grupos financieros nacionales e internacionales, en las áreas financieras, de tesorería y seguros. Casado y padre de cuatro hijos; consejero y consultor de innovación en varias empresas, experto en procesos de transformación. Creador del Consejos Asesor de Innovación Abierta (CAIA) en Caser Seguros (Grupo Helvetia). Cofundador y Director del grupo El Alcázar de las Ideas, Jurado de los Premios Knowsquare, Fundador y Presidente de la Asociación Alexandreia Club de Lectura, y fundador de Cineforum Mensajes de Cine.


La guerra de Ucrania y el conflicto en Israel son dos episodios que, a pesar de sus diferencias históricas y de ubicación geográfica, se enmarcan en un mismo paradigma: el enfrentamiento entre valores democráticos y formas de poder autoritario

Tras el ataque terrorista de Hamás del 7 de octubre de 2023, Israel se vio inmerso en un conflicto que –con el tiempo– ha generado una movilización militar y diplomática sin precedentes en la región. Paralelamente, la invasión de Ucrania por parte de Rusia, iniciada el 24 de febrero de 2022, sigue evolucionando en un escenario que pareciera carecer de rumbo u objetivo. Las previsiones iniciales han cambiado dada la inquebrantable resistencia ucraniana y el sólido apoyo del bloque occidental. 

Ambos conflictos representan, en esencia, deseos por modificar el statu quo: Rusia busca extender su influencia y alterar la integridad de Ucrania, mientras que Israel y sus grupos terroristas aspiran a cuestionar la existencia misma del Estado hebreo. En Ucrania, la estrategia es defensiva, orientada a preservar la integridad territorial, mientras que en Israel la dinámica es aún más compleja, pues se combinan elementos de ocupación, control de fronteras y una lucha constante contra actores terroristas, con repercusiones que trascienden lo meramente militar.

A lo largo de los meses transcurridos desde los inicios de ambos conflictos, se ha evidenciado un patrón: la confrontación entre un Occidente democrático y las fuerzas autocráticas o de inspiración islamista. Este enfrentamiento se intensifica por el control de la comunicación. En el caso de Ucrania, la cobertura mediática permite generar una amplia simpatía en Occidente, a pesar de las restricciones impuestas por el apagón informativo en Rusia. En Israel, por su parte, el impacto inicial de las atrocidades cometidas en octubre de 2023 ha sido reemplazado en la narrativa pública por una exposición continua de bajas y operaciones militares, poco a poco reconfigurando la memoria colectiva.

Al día de hoy, mientras que en Ucrania persiste en la “imprevisibilidad”, en Israel las tensiones se mantienen al máximo. Las fuerzas armadas israelíes siguen actuando en la frontera, en una situación en las era la ayuda humanitaria y la búsqueda de una solución a la crisis de los secuestrados se convierten en exigencias crecientes de la opinión pública internacional. Asimismo, la amenaza latente de que actores externos –como Irán– influyan en el conflicto, añade otra capa de complejidad.

A su vez, la geopolítica actual se ve marcada por un agotamiento estratégico en el gran teatro mundial. Estados Unidos, que históricamente ha actuado como defensor del orden basado en valores democráticos, se encuentra dividido entre la gestión del frente europeo y la constante presión en Medio Oriente. La asistencia militar a Ucrania, junto con el despliegue de fuerzas en el Mediterráneo y el Océano Índico para respaldar a Israel, evidencian que el costo de mantener dos frentes simultáneos es cada vez más alto –tanto para recursos como para credibilidad internacional. 

Los paralelismos entre Ucrania e Israel no pueden reducirse únicamente a la lucha por el territorio, sino que simbolizan el choque entre dos modos de entender el poder, la soberanía y el valor de la libertad. Este panorama nos invita a reflexionar sobre el rol de la comunicación y el control informativo. En ambos conflictos, la narrativa oficial y la cobertura mediática han sido herramientas esenciales para dar forma a la percepción del público, ya esa resaltando la resistencia ucraniana o enfatizando la urgencia de una respuesta israelí. La batalla por las ideas y los relatos es tan importante como la batalla en el campo de combate. 

La convergencia de estos conflictos nos plantea una interrogante esencial: ¿cómo se configuran las fronteras entre la democracia y el autoritarismo en el siglo XXI? Las guerras en Ucrania e Israel, con sus particularidades y consecuencias asimétricas, nos muestran que la lucha por la identidad y la seguridad de los estados es un proceso dinámico y multifacético, en el que el control de la comunicación y la gestión de la narrativa pueden determinar el rumbo de la historia.


La revolución del Internet de las cosas en nuestra vida cotidiana

por Consejo Editorial de Alexandreia


El Internet de las cosas (IoT, por sus siglas en inglés) ha transformado nuestra relación con la tecnología, integrándola de manera cada vez más profunda en la vida cotidiana. Este concepto se basa en la capacidad de los objetos de conectarse a internet y comunicarse entre sí para optimizar su funcionamiento y ofrecer nuevas soluciones. Su desarrollo está estrechamente ligado al procesamiento de datos masivos (i.e. big data), que permite analizar la información generada y extraer valor de ella.

El crecimiento de IoT ha sido vertiginoso. Se estima que en los próximos años habrá millones de dispositivos conectados en ámbitos tan diversos como el hogar, la movilidad y la salud. En el sector del transporte, por ejemplo, la incorporación de tecnologías de comunicación entre vehículos (V2V) y entre vehículos e infraestructuras (V2I) está revolucionando la manera en que nos desplazamos. Estas innovaciones no solo mejoran la fluidez del tráfico, sino que también reducen la contaminación y optimizan el consumo de energía.

Uno de los desarrollos más prometedores en este ámbito es el avance de los vehículos autónomos. Se prevé que en la próxima década estos automóviles sin conductor comiencen a formar parte del día a día en las ciudades. Su adopción masiva podría reducir drásticamente los accidentes de tráfico, facilitar la movilidad de personas con discapacidad y transformar el concepto de propiedad de los automóviles, impulsando modelos como el «Car as a Service» (CaaS), donde se alquila un vehículo según la necesidad en lugar de poseerlo.

Las ciudades inteligentes (i.e. smart cities) representan otro de los grandes cambios que trae consigo el IoT. Gracias a sensores distribuidos en el entorno urbano, es posible gestionar con mayor eficiencia servicios como el transporte público, el alumbrado o el consumo energético. Ciudades como Santander ya han implementado estas soluciones, demostrando cómo la tecnología puede contribuir a mejorar la calidad de vida de sus habitantes y reducir el impacto ambiental.

Sin embargo, la expansión del Internet de las cosas también plantea desafíos importantes, especialmente en términos de seguridad y privacidad. La recopilación masiva de datos personales exige un enfoque responsable en el diseño de estos sistemas, priorizando principios como la «privacidad por diseño» (privacy by design). 

El reto está en encontrar el equilibrio entre los beneficios que aporta esta tecnología y la protección de los derechos individuales en la era digital.


La disputa global por la inteligencia artificial

por Enrique Titos Martínez

(Granada, 1960). Economista egresado del posgrado en IESE Business School y Kellogg Business University (EEUU) con trayectoria profesional en varios grupos financieros nacionales e internacionales, en las áreas financieras, de tesorería y seguros. Casado y padre de cuatro hijos; consejero y consultor de innovación en varias empresas, experto en procesos de transformación. Creador del Consejos Asesor de Innovación Abierta (CAIA) en Caser Seguros (Grupo Helvetia). Cofundador y Director del grupo El Alcázar de las Ideas, Jurado de los Premios Knowsquare, Fundador y Presidente de la Asociación Alexandreia Club de Lectura, y fundador de Cineforum Mensajes de Cine.


Kaifu Lee, reconocido inversor y experto en Inteligencia Artificial (IA), ha sugerido en sus estudios una cuestión clave para el siglo XXI: la batalla tecnológica entre China y Estados Unidos por el liderazgo en IA. Su obra y entrevistas, como la realizada por Azeem Azhar en Exponential View, ilustran el papel crucial de la IA en la reconfiguración del equilibrio de poder global. Este debate es abordado también por analistas como Pedro Baños Bajo en su libro El dominio mundial, donde se examina el papel de la tecnología en las estrategias de control geopolítico.

China ha adoptado un enfoque decidido en esta carrera. En 2015, el gobierno chino anunció el plan Made in China 2025, con el que busca consolidar su liderazgo tecnológico y reducir su dependencia de cadenas de producción globales. Como señala Lee, China ya no quiere ser vista como un simple imitador, sino como un innovador original. Los avances en IA son una muestra palpable de ello.

Datos: el combustible de la IA

Uno de los factores clave en el desarrollo de la IA es la disponibilidad de datos. En este aspecto, China se encuentra en una posición privilegiada gracias a conglomerados tecnológicos como Baidu, Alibaba y Tencent (conocidos como BAT). Éstos generan cantidades masivas de información a partir de sus millones de usuarios. Según algunas estimaciones, el país asiático maneja 50 veces más datos que Estados Unidos, lo que le proporciona una ventaja diferencial en el entrenamiento de algoritmos y en la optimización de servicios basados en IA.

El modelo de negocio de las tecnológicas chinas también difiere del occidental. Mientras que en Occidente las empresas tecnológicas han crecido a partir de modelos verticales especializados (Amazon en comercio electrónico, WhatsApp en mensajería, Venmo en pagos), en China se han desarrollado ecosistemas digitales integrados. Aplicaciones como WeChat combinan mensajería, pagos, comercio y servicios financieros en una única plataforma, facilitando un acceso más fluido a datos interconectados y consolidando la hegemonía de estas empresas.

Estrategia, cultura y liderazgo

China ha sabido combinar el impulso estatal con una cultura de innovación. El modelo de liderazgo empresarial se ha diversificado, promoviendo un ecosistema donde la experimentación y la toma de riesgos son estimuladas desde el ámbito gubernamental. Como apuntó Deng Xiaoping a finales de los años ochenta con su célebre frase «dejemos que la gente se enriquezca», el país ha apostado por el crecimiento a través de la iniciativa individual, lo que ha favorecido la aparición de figuras como Jack Ma, fundador de Alibaba, que encarnan el nuevo paradigma de éxito empresarial.

El gobierno chino no solo estimula la innovación, sino que también interviene directamente en la planificación a largo plazo. Un ejemplo es la ciudad de Guiyang, diseñada exclusivamente para el desarrollo y prueba de vehículos autónomos. Mientras tanto, en Occidente, la legislación sobre privacidad impone límites más estrictos al uso de datos, lo que ralentiza el avance en algunos sectores tecnológicos.

Inteligencia Artificial y el futuro del trabajo

El impacto de la IA no se limita a la competencia geopolítica; su expansión transformará profundamente la estructura del trabajo. Kaifu Lee prevé que, en las próximas dos décadas, millones de empleos serán automatizados, desplazando a trabajadores en múltiples sectores. Esta transformación plantea interrogantes sobre el papel del Estado en la redistribución de recursos y la implementación de medidas como la renta básica universal o programas de reeducación para nuevas competencias.

Pero más allá del mercado laboral, la IA también desafía la manera en que concebimos la creatividad y el conocimiento. La economista Mariana Mazzucato, en The Value of Everything, plantea la idea de que el precio determina el valor, lo que abre un debate sobre cómo se valorarán en el futuro las habilidades humanas en un mundo dominado por algoritmos. En este contexto, las industrias culturales, desde la literatura hasta la curaduría del conocimiento, podrían adquirir un rol más relevante en la preservación de la identidad humana frente al avance de la automatización.

Europa: un rol incierto en la disputa tecnológica

En esta pugna entre China y Estados Unidos, Europa enfrenta retos singulares. Con el 50% del estado social global, una población envejecida y un ecosistema tecnológico fragmentado, su capacidad de innovación se ve limitada en comparación con los gigantes tecnológicos de los dos colosos. Políticas como el Privacy Shield intentan equilibrar la protección del consumidor con el desarrollo tecnológico, pero las restricciones regulatorias y la falta de inversión en IA han colocado a Europa en una posición rezagada en esta disputa global.

La respuesta no debe ser la resignación, sino la adaptación. Como ha ocurrido a lo largo de la historia, la humanidad ha sabido reinventarse ante los cambios tecnológicos. En este proceso, la educación y la cultura jugarán un papel fundamental para redefinir el valor del trabajo humano y su contribución a la sociedad del futuro.


La atención, un bien en peligro

por David Cano

Economista especializado en mercados financieros, con formación en la Universidad Autónoma de Madrid y posgrado en Afi Escuela de Finanzas. Director General de Afi Inversiones Globales, SGIIC, y socio de Analistas Financieros Internacionales. Cuenta con más de veinte años de experiencia en análisis económico y gestión de inversiones. Casado y padre de tres hijos, es autor de numerosos artículos y libros sobre economía y finanzas. Profesor en centros de posgrado, colaborador habitual en medios de comunicación y miembro del jurado de los Premios Know Square. Fundador del grupo de reflexión Los Siete del Prado y miembro del Club de Lectura Know Square.


Nuestra capacidad de concentración es hoy un recurso en disputa. Empresas tecnológicas, medios de comunicación y plataformas digitales compiten sin descanso por un bien cada vez más escaso: nuestra atención. Mientras tanto, nosotros la perdemos poco a poco, fragmentada entre notificaciones, pantallas y estímulos diseñados con precisión para mantenernos enganchados. No es sólo que estemos distraídos, sino que vivimos en un entorno construido para que lo estemos.

Desde siempre, la magia ha consistido en dirigir la mirada del público hacia donde el ilusionista quiere. Hoy, el mago es un algoritmo y su escenario son nuestras pantallas. En su libro Stolen Focus, el periodista Johann Hari analiza cómo la tecnología se ha convertido en una experta en capturar y retener nuestra atención. También señala, no obstante, que no es el único factor: la contaminación, el estrés, la mala alimentación, la falta de sueño o la precariedad económica también deterioran nuestra capacidad de concentración. El problema es complejo y no puede reducirse a un solo culpable. 

Cada elemento de esta ecuación se retroalimentar. Cuanto más cansados estamos, más caemos en el desplazamiento infinito de las redes sociales. Esto a su vez dificulta el descanso, lo que nos lleva a un mayor agotamiento. Así, el ciclo continúa. Aza Raskin, creador del infinite scroll, llegó a preguntarse si su invento debería prohibirse por su impacto en la adicción digital. Si nos preocupan las noticias falsas, ¿por qué no hablamos de las imágenes y vidas falsas y el contenido fabricado para alimentar el miedo a perdernos algo (i.e. FOMO)? En un mundo tan acelerado como el nuestro, plagado de distracciones y saturado de estímulos diseñados para captar nuestra atención, resistirse es cada vez más difícil. 

Podría pensarse que tomar un respiro en el móvil ayuda a desconectarse, pero ¿realmente nos relaja o nos sumerge en un estado de agitación constante? No es que ocurran más cosas negativas en el mundo, sino que tenemos acceso inmediato y permanente a ellas. Nuestra amígdala cerebral, programada para detectar el peligro, reacciona con intensidad a estos estímulos. El algoritmo lo sabe: cuanto más impactante la noticia, más interacciones generará. Cuanto más interactuemos, más reforzaremos el sistema que nos mantiene atrapados.

Este modelo de economía de la atención no es nuevo. Herbert Simon, premio Nobel en 1978, advirtió en 1971 que la información consume la atención de sus receptores y que cuando la cantidad de datos se multiplica, la atención se fragmenta. No obstante, el problema no es sólo tecnológico. Nuestro estilo de vida ha cambiado, pues dormimos menos, nos movemos menos y leemos menos en papel. Robert Waldinger y Marc Schulz, en The Good Life, señalan que nuestra «forma física social» también se deteriora. No sólo perdemos concentración, sino que nos aislamos más.

Recuperar el control sobre nuestra atención requerirá un esfuerzo consciente. Es un mito que seamos capaces de hacer varias cosas a la vez sin perder eficacia. Cada interrupción tiene un costo cognitivo. Las pequeñas distracciones constantes afectan nuestra productividad y bienestar. No basta con pequeños trucos o nudges. Es necesario rediseñar el entorno para favorecer la concentración. Esto es aún más urgente en el caso de niños y adolescentes, quienes crecen en un mundo donde los estímulos digitales están presentes desde la temprana infancia. ¿Hasta qué punto deberíamos regular el acceso a dispositivos y redes sociales en las etapas formativas?La buena noticia es que hay alternativas. El tiempo de lectura pausada, las conversaciones sin pantallas de por medio y los espacios libres de notificaciones son una forma de residencia. Como señala Johann Hari en su libro y analizo en este video, recuperar la atención no es sólo una cuestión individual, sino un desafío colectivo. Si queremos proteger este bien en peligro, necesitamos replantearnos no nada más el uso que hacemos de la tecnología, sino también las condiciones de vida que nos empujan a la distracción eterna.


La expansión de la información: el pulso entre orden y caos

por Claudio Feijóo

Ingeniero de Telecomunicación y economista, Claudio Feijóo es catedrático en la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), donde dirige el área de Emprendimiento, impulsando programas de formación y aceleración de startupstecnológicas. Su labor académica se centra en la estrategia empresarial y el impacto socioeconómico de las tecnologías emergentes. Ha liderado proyectos internacionales en Asia, incluyendo la creación del primer programa de incubación para emprendedores españoles en China. Ha trabajado en cinco continentes para organismos internacionales, y ha ocupado cargos en la Comisión Europea y el Ministerio de Industria de España. Con más de veinte años de experiencia como fundador y mentor de startups, es autor de más de 300 publicaciones y participa regularmente en seminarios internacionales. Su último libro analiza el papel de la tecnología en la geoestrategia global.


Desde los primeros signos tallados en piedra hasta la inteligencia artificial, la información no ha dejado de crecer. Su acumulación y transmisión han moldeado civilizaciones, impulsando revoluciones y definiendo nuestra evolución como especie. En La expansión de la información. Una historia inevitable, Javier Jurado traza un recorrido por este fenómeno, abordándolo como un motor ineludible del progreso humano.

A través de un enfoque que combina biología, tecnología, economía, sociología y filosofía, el autor propone una lectura fascinante: la información no es solamente un recurso, sino una fuerza dinámica que se expande, se adapta y –en última instancia– nos configura. Su crecimiento no es aleatorio; responde a la lógica de la evolución y a nuestra necesidad de resistencia frente al caos.

Jurado parte de una premisa fundamental: la historia de la información es la historia de la humanidad. Desde los primeros intercambios de sonidos en los homínidos hasta las complejidades del sistema financiero, cada avance ha sido una respuesta a la entropía, ese principio que amenaza con sumirnos en el desorden. La información, lejos de ser estática, ha funcionado como un mecanismo de supervivencia, otorgando a las sociedades herramientas para organizarse, innovar y prosperar. 

Uno de los puntos más reveladores del libro es su análisis sobre el lenguaje y la escritura como hitos emancipadores. Más que simples medios de comunicación, han sido herramientas de poder, resistencia y transformación. El alfabeto, nos dice Jurado, no sólo preservó el conocimiento, sino que democratizó su acceso, erosionando monopolios del saber y dando voz a quienes antes estaban condenados al silencio.

El libro no rehúye las tensiones contemporáneas: en una era de sobre-información y desinformación, ¿somos aún dueños de nuestros relatos o estamos cediendo el control a algoritmos que filtran y moldean nuestra percepción? Jurado no se limita a una visión apocalíptica; en su lugar, nos invita a reconocer que la información no solo es un reto, sino también una oportunidad.

Más que un ensayo sobre datos y tecnología, esta obra es un viaje a través del tiempo y la memoria colectiva. Nos recuerda que el conocimiento es una llama que desafía la oscuridad y que su expansión no es una amenaza, sino la esencia misma de nuestro impulso por comprender el mundo.