por Enrique Titos Martínez
(Granada, 1960). Economista egresado del posgrado en IESE Business School y Kellogg Business University (EEUU) con trayectoria profesional en varios grupos financieros nacionales e internacionales, en las áreas financieras, de tesorería y seguros. Casado y padre de cuatro hijos; consejero y consultor de innovación en varias empresas, experto en procesos de transformación. Creador del Consejos Asesor de Innovación Abierta (CAIA) en Caser Seguros (Grupo Helvetia). Cofundador y Director del grupo El Alcázar de las Ideas, Jurado de los Premios Knowsquare, Fundador y Presidente de la Asociación Alexandreia Club de Lectura, y fundador de Cineforum Mensajes de Cine.
La guerra de Ucrania y el conflicto en Israel son dos episodios que, a pesar de sus diferencias históricas y de ubicación geográfica, se enmarcan en un mismo paradigma: el enfrentamiento entre valores democráticos y formas de poder autoritario.
Tras el ataque terrorista de Hamás del 7 de octubre de 2023, Israel se vio inmerso en un conflicto que –con el tiempo– ha generado una movilización militar y diplomática sin precedentes en la región. Paralelamente, la invasión de Ucrania por parte de Rusia, iniciada el 24 de febrero de 2022, sigue evolucionando en un escenario que pareciera carecer de rumbo u objetivo. Las previsiones iniciales han cambiado dada la inquebrantable resistencia ucraniana y el sólido apoyo del bloque occidental.
Ambos conflictos representan, en esencia, deseos por modificar el statu quo: Rusia busca extender su influencia y alterar la integridad de Ucrania, mientras que Israel y sus grupos terroristas aspiran a cuestionar la existencia misma del Estado hebreo. En Ucrania, la estrategia es defensiva, orientada a preservar la integridad territorial, mientras que en Israel la dinámica es aún más compleja, pues se combinan elementos de ocupación, control de fronteras y una lucha constante contra actores terroristas, con repercusiones que trascienden lo meramente militar.
A lo largo de los meses transcurridos desde los inicios de ambos conflictos, se ha evidenciado un patrón: la confrontación entre un Occidente democrático y las fuerzas autocráticas o de inspiración islamista. Este enfrentamiento se intensifica por el control de la comunicación. En el caso de Ucrania, la cobertura mediática permite generar una amplia simpatía en Occidente, a pesar de las restricciones impuestas por el apagón informativo en Rusia. En Israel, por su parte, el impacto inicial de las atrocidades cometidas en octubre de 2023 ha sido reemplazado en la narrativa pública por una exposición continua de bajas y operaciones militares, poco a poco reconfigurando la memoria colectiva.
Al día de hoy, mientras que en Ucrania persiste en la “imprevisibilidad”, en Israel las tensiones se mantienen al máximo. Las fuerzas armadas israelíes siguen actuando en la frontera, en una situación en las era la ayuda humanitaria y la búsqueda de una solución a la crisis de los secuestrados se convierten en exigencias crecientes de la opinión pública internacional. Asimismo, la amenaza latente de que actores externos –como Irán– influyan en el conflicto, añade otra capa de complejidad.
A su vez, la geopolítica actual se ve marcada por un agotamiento estratégico en el gran teatro mundial. Estados Unidos, que históricamente ha actuado como defensor del orden basado en valores democráticos, se encuentra dividido entre la gestión del frente europeo y la constante presión en Medio Oriente. La asistencia militar a Ucrania, junto con el despliegue de fuerzas en el Mediterráneo y el Océano Índico para respaldar a Israel, evidencian que el costo de mantener dos frentes simultáneos es cada vez más alto –tanto para recursos como para credibilidad internacional.
Los paralelismos entre Ucrania e Israel no pueden reducirse únicamente a la lucha por el territorio, sino que simbolizan el choque entre dos modos de entender el poder, la soberanía y el valor de la libertad. Este panorama nos invita a reflexionar sobre el rol de la comunicación y el control informativo. En ambos conflictos, la narrativa oficial y la cobertura mediática han sido herramientas esenciales para dar forma a la percepción del público, ya esa resaltando la resistencia ucraniana o enfatizando la urgencia de una respuesta israelí. La batalla por las ideas y los relatos es tan importante como la batalla en el campo de combate.
La convergencia de estos conflictos nos plantea una interrogante esencial: ¿cómo se configuran las fronteras entre la democracia y el autoritarismo en el siglo XXI? Las guerras en Ucrania e Israel, con sus particularidades y consecuencias asimétricas, nos muestran que la lucha por la identidad y la seguridad de los estados es un proceso dinámico y multifacético, en el que el control de la comunicación y la gestión de la narrativa pueden determinar el rumbo de la historia.

PARA PROFUNDIZAR…
Una lectura altamente recomendada para profundizar en las dinámicas geopolíticas y comunicacionales que subyacen a los conflictos en Ucrania e Israel es El ocaso de la democracia: La seducción del autoritarismo de Anne Applebaum (Debate).
Este ensayo analiza cómo, en diversas partes del mundo, las democracias están siendo erosionadas desde dentro por líderes y movimientos que, bajo discursos nacionalistas y populistas, socavan las instituciones y libertades fundamentales. Applebaum, periodista y historiadora galardonada con el Premio Pulitzer, ofrece una perspectiva crítica sobre la fragilidad de los sistemas democráticos y la creciente atracción del autoritarismo en el siglo XXI. Su análisis resulta especialmente pertinente al considerar cómo las narrativas y el control de la información influyen en la percepción y desarrollo de conflictos internacionales.
