por Enrique Titos Martínez
(Granada, 1960). Economista egresado del posgrado en IESE Business School y Kellogg Business University (EEUU) con trayectoria profesional en varios grupos financieros nacionales e internacionales, en las áreas financieras, de tesorería y seguros. Casado y padre de cuatro hijos; consejero y consultor de innovación en varias empresas, experto en procesos de transformación. Creador del Consejos Asesor de Innovación Abierta (CAIA) en Caser Seguros (Grupo Helvetia). Cofundador y Director del grupo El Alcázar de las Ideas, Jurado de los Premios Knowsquare, Fundador y Presidente de la Asociación Alexandreia Club de Lectura, y fundador de Cineforum Mensajes de Cine.
La historia del conocimiento es también la historia de su transmisión. En La ruta del conocimiento, Violet Moller reconstruye el trayecto que las ideas científicas recorrieron entre los siglos V y XV. Durante este periodo de transición, el saber encontró refugio en diferentes ciudades antes de resurgir con fuerza en el Renacimiento. Con un recorrido por Alejandría, Bagdad, Córdoba, Toledo, Salerno, Palermo y Venecia, la escritura nos muestra cómo la ciencia y la filosofía no sólo sobrevivieron, sino que evolucionaron y se enriquecieron al contacto con diversas culturas.
A menudo se considera la etapa mencionada como una «de penumbra», en la que la religión eclipsó el pensamiento racional heredado por el mundo clásico. Sin embargo, Moller propone una visión más matizada: no sólo hubo conservación del conocimiento, sino también innovación, especialmente en el mundo islámico. Allí fue donde disciplinas como la astronomía, la medicina y las matemáticas encontraron un espacio de desarrollo, con avances que más tarde influirían en la ciencia europea. Un ejemplo clave es el álgebra, cuyo nombre deriva del matemático persa Al-Juarismi, o la medicina de Avicena, cuya ‘canon de medicina’ se estudió durante siglos en las universidades occidentales.
El libro destaca el papel crucial de la traducción en la preservación del conocimiento. Obras fundamentales de la Antigüedad, como los Elementos de Euclides, el Almagesto de Ptolomeo o los tratados médicos de Galeno, fueron copiadas y traducidas a diferentes lenguas a medida que viajaban de una civilización a otra. La confluencia de sabios en ciudades como Córdoba o Toledo, donde musulmanes, cristianos y judíos colaboraban en la transmisión del saber, permitió que estas obras llegaran a la Europa medieval y sentaran las bases del pensamiento moderno.
Con la invención de la imprenta y el auge del Renacimiento, el conocimiento dejó de depender de la copia manual y aceleró su difusión. Este cambio marcó el inicio de una nueva era en la que la educación y el acceso a la información se democratizaron progresivamente. Sin embargo, Moller nos invita a reflexionar sobre una cuestión fundamental: ¿qué condiciones permitieron que estas ciudades se convirtieran en faros del conocimiento? La respuesta es clara: estabilidad política, tolerancia cultural, acceso a textos clave y la presencia de comunidades intelectuales capaces de interpretar y desarrollar nuevas ideas.
Estas mismas condiciones son esenciales en la actualidad. Si en el pasado fueron las ciudades de la ruta del conocimiento las que garantizaron la preservación y transmisión de las ideas, hoy nos enfrentamos a un escenario diferente. La digitalización ha multiplicado el acceso a la información, pero también ha generado un nuevo desafío: distinguir entre el conocimiento verificado y la desinformación. La velocidad con la que circulan los datos en la era digital hace más urgente que nunca la necesidad de pensamiento crítico y educación de calidad. El conocimiento sigue transformando el mundo. Su impacto depende de nuestra capacidad para comprenderlo y aplicarlo con responsabilidad. Como sugiere La ruta del conocimiento, la historia nos enseña que la acumulación de saber no es suficiente. Su verdadero valor radica en cómo lo usamos para construir sociedades más abiertas, justas y preparadas para los desafíos del futuro.

PARA PROFUNDIZAR…
La ruta del conocimiento de Violet Moller (Taurus, 2023) ofrece una visión profunda sobre cómo el conocimiento clásico se preservó y transmitió a través de diferentes culturas y épocas. Moller nos invita a redescubrir un período frecuentemente considerado como de oscuridad intelectual, el que va desde la caída del Imperio Romano hasta el Renacimiento, y a replantear la idea de que fue una etapa de retroceso. Su enfoque invita a reflexionar sobre la interdependencia cultural y la necesidad de crear condiciones que promuevan la colaboración intelectual en un mundo cada vez más globalizado.
