≪ Cleopatra: una vida ≫ de Stacy Schiff

La sesión comenzó con una breve referencia a Stacy Schiff, reconocida biógrafa estadounidense, ganadora del Premio Pulitzer por su biografía de Véra Nabokov y autora también de trabajos sobre Saint-Exupéry, Benjamin Franklin, los juicios de Salem y Samuel Adams. Cleopatra. Una vida es fruto de varios años de investigación y de una dificultad que condiciona todo el libro: la extraordinaria escasez de fuentes directas sobre la figura. También influyó el hecho de que buena parte de las referencias que han llegado hasta nosotros fueran escritas mucho después de su muerte y desde la perspectiva de Roma, es decir, de quienes terminaron derrotándola.

La impresión inicial del libro fue la de una obra densa y exigente, que requiere una lectura lenta, pero que gana a medida que se avanza. Su principal atractivo está precisamente en el intento de Schiff de atravesar las capas de mito acumuladas durante más de dos mil años y recuperar a Cleopatra no como la seductora que ha fijado el imaginario popular, sino como reina, política y estadista. Procura situarla además en un momento extraordinario: el final del mundo helenístico y el nacimiento de la Roma imperial.

Esta misma impresión apareció repetidamente durante la conversación. Varios participantes coincidieron en que el libro cuesta al principio, tanto por la cantidad de información como por una prosa muy condensada y, en algunas ediciones, por una traducción que resulta poco natural. 

Al mismo tiempo, se valoró que Schiff sea muy transparente respecto de las limitaciones de sus fuentes: presenta versiones distintas, señala las contradicciones y deja claro cuándo se mueve en el terreno de la probabilidad. Esa forma de trabajar permitió que una de las grandes preguntas de la sesión fuera precisamente ésta: ¿hasta dónde puede llegar una biografía cuando sabemos tan poco directamente de su protagonista?

Redescubrir a Cleopatra

Uno de los mayores logros atribuidos al libro fue haber permitido a muchos descubrir una Cleopatra muy distinta de la que tenían en la memoria. Frente a la imagen construida por Hollywood, Shakespeare o la tradición posterior, apareció una mujer extraordinariamente formada, políglota, conocedora también de la lengua egipcia, inteligente, elocuente y con una enorme capacidad de negociación.

Se destacó especialmente el hecho de que Cleopatra fuera la única de su dinastía que se preocupó por aprender la lengua de buena parte del pueblo que gobernaba. También llamó la atención su capacidad para moverse entre culturas diferentes y utilizar tanto las tradiciones griegas como las egipcias para reforzar su legitimidad.
En este contexto surgió también una comparación llamativa entre el libro e Isabel la Católica. Una de las participantes señaló que Schiff recurre a Isabel de España al hablar de la intervención de Cleopatra en cuestiones militares, comparación que resultó especialmente sugerente porque pone en paralelo a dos mujeres que ejercieron directamente el poder y que no se limitaron al papel que convencionalmente se esperaba de ellas.

La discusión volvió varias veces sobre una idea que atraviesa el libro: quizá el verdadero poder de seducción de Cleopatra no residiera fundamentalmente en la belleza, sino en la inteligencia, la conversación, la cultura, la voz, la capacidad para fascinar y un extraordinario dominio de la puesta en escena. Su llegada a Tarso para encontrarse con Marco Antonio fue uno de los ejemplos comentados: Cleopatra comprendía perfectamente el valor político del fasto, de los símbolos y de la teatralidad del poder.

Una vida de lucha y supervivencia

Una definición surgida en la conversación resume muy bien al personaje: Cleopatra. Una vida podría haberse llamado también «Cleopatra. Una vida de lucha y supervivencia«.

Gobernó durante más de veinte años en una situación extremadamente frágil, con una dinastía marcada por las luchas familiares y con Roma avanzando inexorablemente sobre el Mediterráneo oriental. Egipto era enormemente rico y estratégico y Cleopatra sabía que mantener su independencia iba a resultar cada vez más difícil.

Desde esta perspectiva, las relaciones con Julio César y Marco Antonio se discutieron mucho menos como grandes historias románticas que como alianzas políticas. Cleopatra necesitaba el apoyo del poder romano para conservar Egipto y asegurar la continuidad de su dinastía; César y, especialmente, Marco Antonio necesitaban a su vez el dinero, los suministros, los barcos y los recursos egipcios. Amor e interés político pudieron convivir perfectamente, pero reducir aquellas relaciones al romance parece empobrecer enormemente la historia.

También se señaló su extraordinaria capacidad para reaccionar ante situaciones límite. Tras el asesinato de Julio César, supo abandonar Roma cuando su posición y la de Cesarión se habían vuelto peligrosas y consiguió después reposicionarse en el nuevo equilibrio de poder. Esa sucesión de maniobras ayuda a entender por qué mantenerse en el trono durante más de dos décadas fue, en sí mismo, un logro considerable.

Una mirada desde el derecho romano

Una de las intervenciones más interesantes de la sesión ayudó a poner en contexto la relación de Cleopatra con Roma desde una perspectiva jurídica.

Se recordó que no podemos trasladar automáticamente nuestras categorías actuales de matrimonio, filiación o herencia al mundo romano. Cleopatra era extranjera y no pertenecía a la comunidad jurídica romana, por lo que ni ella ni sus hijos tenían, por ese solo hecho, la misma posición que una esposa romana o los hijos nacidos dentro de una unión reconocida conforme al derecho romano.

Esta explicación ayudó a entender mejor cuestiones que en una lectura moderna pueden resultar sorprendentes: por qué la relación de Marco Antonio con Cleopatra era vista en Roma de una manera tan distinta de su matrimonio con Octavia, por qué sus hijos con Cleopatra no ocupaban automáticamente una posición sucesoria equivalente y por qué la figura de Cesarión podía ser políticamente enormemente peligrosa sin que eso significara que tuviera un derecho sucesorio reconocido en Roma.

También se señaló que la expansión romana no implicaba necesariamente la aplicación uniforme del derecho romano a todos los territorios conquistados. Roma podía mantener acuerdos con distintos pueblos y respetar sus propias normas y jurisdicciones, mientras determinados derechos quedaban ligados a la condición de ciudadano romano. Esta perspectiva jurídica permitió comprender mejor hasta qué punto Roma era a la vez un poder político, militar y jurídico, y cómo la condición personal y la ciudadanía determinaban derechos que hoy damos por supuestos.

Egipto y Alejandría: un mundo que parecía funcionar “al revés”

Otro aspecto muy valorado fue que el libro permite conocer no sólo a Cleopatra, sino el mundo que la rodeaba.

Alejandría despertó especial fascinación: la ciudad, el puerto, el Faro, la Biblioteca, su enorme riqueza cultural y comercial y su posición estratégica entre el Mediterráneo y el valle del Nilo. Para algunos participantes, esta reconstrucción del mundo helenístico fue casi tan interesante como la propia biografía.

Una de las participantes recordó además una descripción especialmente llamativa del libro: ≪ Egipto aparecía ante los ojos del mundo grecorromano como un país en el que muchas cosas parecían ocurrir “al revés” ≫. El Nilo fluía hacia el norte, determinados ciclos agrícolas resultaban inversos a los conocidos en el Mediterráneo y Schiff recoge incluso costumbres domésticas que sorprendían a los autores antiguos, como la referencia a que las mujeres orinaban de pie y los hombres sentados. Más allá de lo anecdótico, estos detalles ayudaron a visualizar hasta qué punto Egipto era percibido como un mundo distinto, con usos y formas de organización propias.

También surgió repetidamente el trasfondo económico de toda la historia. Egipto era el granero del Mediterráneo, disponía de enormes recursos y de una sofisticada administración fiscal. Cleopatra heredó además una situación financiera complicada y el debate destacó su atención a la moneda, los ingresos del reino y la utilización de su riqueza como instrumento de política exterior.

De ahí surgió una observación interesante para el propio club: los libros de historia enseñan también mucha economía. Detrás de las alianzas, las guerras y las rivalidades personales aparecían continuamente el dinero, los alimentos, los impuestos, las rutas comerciales y el control de los recursos.

El límite militar y Actium

La batalla de Actium fue uno de los episodios que generó opiniones más divididas. Para algunos, las páginas dedicadas a la batalla resultaron excesivamente detalladas; para otros, permitieron identificar quizá uno de los límites de Cleopatra.

Se planteó que su talento político y diplomático era muy superior a su capacidad militar y que su intervención en decisiones estratégicas pudo contribuir al desastre final. Al mismo tiempo, la conversación puso de relieve que Marco Antonio sí era un militar experimentado, aunque mucho más impulsivo y menos hábil políticamente que Octavio.

El contraste entre los protagonistas resultó especialmente sugerente: César reunía capacidades militares y políticas; Antonio era esencialmente un gran militar; Octavio, con Agripa como gran ejecutor militar, fue ante todo un extraordinario político. Cleopatra tuvo que intentar sobrevivir entre todos ellos.

Octavio ganó también el relato

20th Century Fox, 1963

Probablemente uno de los temas más interesantes de la sesión fue el de la propaganda.

Se insistió en que Octavio no sólo venció militarmente a Cleopatra y Marco Antonio. Consiguió convertir a Cleopatra en la enemiga de Roma y fijar una imagen que ha sobrevivido durante siglos: la reina oriental, peligrosa, lujosa, manipuladora y sexualmente irresistible que había apartado a Marco Antonio de sus deberes romanos.

La formulación que surgió en la conversación fue muy gráfica: Octavio consiguió construir ese relato sin necesidad de redes sociales. Es un ejemplo extraordinario de hasta qué punto la historia puede ser también la historia de los vencedores.

El debate llevó además al cine. La Cleopatra de Elizabeth Taylor refleja en buena medida el imaginario de los años sesenta, de la misma manera que representaciones actuales proyectan sobre ella preocupaciones contemporáneas. Cada época parece haber construido su propia Cleopatra, hasta el punto de que resulta difícil separar a la mujer real de los sucesivos personajes creados sobre ella.

Cleopatra, las mujeres y el poder

Este fue probablemente el tema que dio lugar a las reflexiones más actuales.

El libro permitió comparar la posición de las mujeres en Egipto con la situación de las romanas y comentar algunos derechos de los que gozaban las primeras en materia patrimonial, matrimonial o sucesoria. La conversación fue más allá para preguntarse por la forma en que la historia ha tratado a las mujeres poderosas.

Apareció repetidamente una idea: comportamientos que en un hombre se describen como estrategia, ambición o capacidad política, en una mujer pueden pasar a calificarse como manipulación, intriga o seducción. Una frase del libro comentada en la sesión lo expresa con especial claridad: el mismo pragmatismo frío y calculado podía convertirse en estrategia cuando se trataba de César y en manipulación cuando se atribuía a Cleopatra.

De ahí surgió una pregunta que quedó abierta: ¿seguimos todavía interpretando de manera distinta el poder, la inteligencia y la ambición cuando los ejerce una mujer?

El final: Antonio, Octavio y la decisión de morir

De la misma manera, se habló de cómo el libro modifica la imagen convencional del final de Cleopatra.

No existe una sucesión inmediata y puramente romántica entre el suicidio de Marco Antonio y el de Cleopatra. Entre ambos hubo días de negociaciones y maniobras en los que Cleopatra siguió intentando obtener de Octavio garantías para sus hijos. Incluso en la derrota definitiva continuó actuando políticamente.

Su suicidio se interpretó, por ello, no sólo como desesperación, sino como un último gesto de control y dignidad. Cleopatra comprendió que Octavio pretendía llevarla a Roma y exhibirla en su triunfo. Morir significaba impedirle convertirla en el trofeo definitivo de su victoria. También se comentó el carácter probablemente legendario de la famosa muerte por la mordedura de un áspid y la posibilidad, sugerida en el libro, de que utilizara algún tipo de veneno.

Una Cleopatra nueva, pero ¿hasta qué punto podemos conocerla?

La conversación terminó volviendo al punto de partida.

Schiff consigue desmontar de manera muy convincente a la Cleopatra reducida a amante de César y Antonio y construir en su lugar a una mujer culta, inteligente, pragmática y extraordinariamente capaz. Pero quedó también planteada una duda interesante: ¿estamos recuperando a la Cleopatra verdadera o sustituyendo un relato antiguo por una reconstrucción moderna, aunque sea mucho mejor documentada?

Precisamente ahí puede estar una de las mayores virtudes del libro. Después de leerlo conocemos mucho más el mundo de Cleopatra, comprendemos mejor sus decisiones y desconfiamos de muchos de los tópicos que la han acompañado durante siglos. Sin embargo, también somos más conscientes de todo lo que probablemente nunca podremos saber de ella.

La frase elegida para acompañar la sesión resume muy bien buena parte de lo que terminó siendo nuestra conversación:

“Cleopatra se halló a sí misma en una de las intersecciones más peligrosas de la historia: la de las mujeres y el poder.”

Quizá esa sea, también, una de las razones por las que, más de dos mil años después, Cleopatra continúa fascinándonos.


Schiff, S. (2024), Cleopatra: una vida, Los Libros de la Catarata: Madrid

Custodiar lo humano 

Una conversación en Alexandreia sobre Magnifica Humanitas

:: por María José Gómez Yubero ::

Hay libros que se leen y otros que siguen trabajando dentro de nosotros después de cerrarlos. Magnifica Humanitas, la encíclica de León XIV sobre la persona humana en tiempos de inteligencia artificial, pertenece claramente a los segundos. 

La sesión interclubes que celebramos en Alexandreia lo confirmó. Durante casi dos horas, coordinadores y miembros de distintos clubes conversamos desde posiciones muy diferentes. Había creyentes y no creyentes, católicos practicantes y personas alejadas desde hace años de la Iglesia. Y, sin embargo, muy pronto quedó claro que las preguntas que plantea la encíclica nos concernían a todos.

Porque, en realidad, la gran pregunta de Magnifica Humanitas no es tecnológica. Es humana: ¿qué queremos preservar de nosotros mismos en medio de una transformación que está cambiando nuestra manera de trabajar, relacionarnos, informarnos, decidir y pensar? 

Una brújula para unas nuevas res novae 

Uno de los primeros aspectos que se destacó fue precisamente la oportunidad y la valentía del texto. La inteligencia artificial está todavía en pleno desarrollo. No conocemos su alcance ni la velocidad ni la dirección que terminará tomando. Y, aun así, León XIV decide intervenir ahora, cuando todavía estamos a tiempo de preguntarnos hacia dónde queremos ir. 

La comparación con Rerum Novarum apareció varias veces durante la conversación. León XIII respondió en 1891 a las profundas transformaciones sociales provocadas por la Revolución Industrial. León XIV se enfrenta hoy a unas nuevas res novae: la digitalización, la inteligencia artificial, la automatización y la concentración de un poder tecnológico de dimensiones inéditas. 

La encíclica no ofrece un manual de instrucciones. Ofrece algo quizá más necesario: una brújula. Y esa brújula comienza preguntándose qué significa ser humano. 

¿Qué nos hace humanos? 

La conversación volvió una y otra vez sobre este punto. Frente a máquinas capaces de producir textos, imágenes, análisis o respuestas que pueden parecernos empáticas, se recordó una distinción esencial: una inteligencia artificial no tiene experiencia de la vida. No tiene cuerpo, no sufre, no ama, no establece vínculos, no conoce desde dentro la amistad, el trabajo o la pérdida, no distingue moralmente el bien del mal ni asume el peso de las consecuencias de sus decisiones. Puede simular muchas de esas cosas. Pero simularlas no significa vivirlas. De ahí surgió una de las ideas más sugerentes de la tarde: cuanto más humanizamos a la máquina, más riesgo corremos de olvidar qué es lo verdaderamente humano.

 

También hablamos mucho de nuestros límites. De la finitud, de la fragilidad, de la imperfección. Aquello que tantas veces entendemos como una carencia apareció bajo otra luz. Son precisamente nuestras limitaciones las que hacen posibles la empatía, el cuidado, el perdón y la necesidad del otro. 

Los límites de la mejora 

Desde ahí llegamos inevitablemente al transhumanismo. ¿Hasta dónde puede o debe llegar la mejora tecnológica del ser humano? ¿Dónde situamos la frontera entre curar una enfermedad, ampliar una capacidad y transformar nuestra propia naturaleza? Surgieron ejemplos muy concretos, desde un marcapasos hasta modificaciones genéticas o dispositivos incorporados a nuestro cuerpo. 

No encontramos una respuesta definitiva, ni pretendíamos hacerlo. Pero quedó planteada una cuestión anterior a todas ellas: antes de preguntarnos hasta dónde podemos transformar al ser humano, quizá deberíamos preguntarnos qué ser humano queremos ser. 

La tecnología también es poder 

La reflexión sobre la inteligencia artificial nos llevó después al poder. La IA no es neutral. Lleva inevitablemente la huella de quien la concibe, quien la financia, quien la entrena, quien la regula y quien la utiliza. 

Y eso plantea preguntas incómodas en un momento en el que unas pocas empresas tecnológicas han alcanzado una capacidad económica e influencia comparables, e incluso superiores, a las de muchos Estados. 

¿Quién decide hacia dónde avanza esta tecnología? ¿Quién establece sus límites? ¿Quién se beneficia de ella? ¿Y qué capacidad tienen las sociedades democráticas para intervenir en ese proceso? 

El debate nos llevó inevitablemente a Europa, Estados Unidos y China. Porque tampoco existe una tecnología separada de la cultura en la que se desarrolla. 

¿Con qué valores estamos construyendo la inteligencia artificial? ¿Con los de unas grandes compañías norteamericanas inmersas en una carrera tecnológica extraordinaria? ¿Con los de China? ¿Puede Europa defender un modelo basado en la dignidad de la persona, los derechos fundamentales y el bien común y, al mismo tiempo, competir tecnológicamente? 

Regular sin quedarse atrás 

Aquí apareció una tensión especialmente interesante: regular y competir. Europa ha desarrollado probablemente el marco regulatorio más ambicioso del mundo, pero al mismo tiempo se ha quedado muy atrás en la creación de las grandes compañías y modelos tecnológicos. 

¿Cómo establecer límites cuando otros no los establecen? ¿Cómo defender nuestros valores sin condenarnos a la irrelevancia tecnológica? 

No encontramos una respuesta sencilla. Y quizá esa dificultad sea precisamente una de las grandes cuestiones que tendremos que afrontar en los próximos años. 

Cuando el trabajo es algo más que producir 

Tampoco encontramos respuestas fáciles cuando hablamos del trabajo, otro de los grandes asuntos de la sesión. 3 

La cuestión no es únicamente cuántos empleos desaparecerán y cuántos nuevos surgirán. El trabajo significa mucho más que una renta. Nos proporciona autonomía, identidad, reconocimiento, relaciones y, para muchas personas, una parte importante del sentido de su vida. 

Por eso surgió una pregunta especialmente inquietante: ¿qué sociedad construiremos si una parte importante de sus ciudadanos deja de ser necesaria para producir? 

Mantener económicamente a millones de personas no resuelve necesariamente el problema de su propósito, de su integración social ni de su dignidad. La extraordinaria velocidad de esta transformación hace además que las comparaciones con revoluciones tecnológicas anteriores resulten insuficientes. 

Una verdad para cada uno 

Y junto al trabajo apareció la verdad. Quizá uno de los mayores riesgos de la inteligencia artificial no sea que nos mienta, sino que llegue a conocernos lo suficiente como para ofrecernos a cada uno exactamente la versión de la realidad que queremos escuchar. 

Una verdad personalizada. Una cámara de eco perfecta. Una sociedad en la que cada ciudadano habite su propia realidad difícilmente puede sostener una conversación democrática común. 

Por eso resonó especialmente una de las ideas comentadas durante la sesión: cuando dejamos de preguntarnos qué es verdadero y solo nos interesa qué resulta útil, eficaz o rentable, la vida democrática comienza a debilitarse. 

Magnifica Humanitas: una afirmación de esperanza 

Pero la encíclica no es una llamada al miedo. Su título contiene ya una afirmación de esperanza: la humanidad es magnífica. 

Magnífica precisamente en aquello que no es perfecto. En nuestra capacidad de relacionarnos, de amar, de equivocarnos, de perdonar, de aprender, de cuidar, de cambiar de opinión, de necesitar a otros. 

La propuesta no es competir con la máquina intentando parecernos cada vez más a ella. Es recordar con mayor claridad aquello que somos y poner la tecnología a nuestro servicio. 

Alexandreia como espacio deliberadamente humano 

Y quizá ahí apareció uno de los momentos más bonitos de la conversación: cuando dejamos de hablar únicamente de inteligencia artificial y empezamos a hablar de lo que hacemos en Alexandreia. 

La encíclica propone crear espacios deliberadamente humanos. Espacios para conversar, pensar, escuchar, disentir y construir juntos. Y alguien señaló que un club de lectura es exactamente eso. 

Leer un libro despacio. Encontrarnos alrededor de una mesa. Escuchar cómo el mismo texto ha resonado de forma distinta en otra persona. Descubrir una interpretación que no habíamos visto. Cuestionar una certeza. Salir de una conversación pensando algo que no pensábamos cuando entramos. 

En un mundo que nos empuja hacia la velocidad, la respuesta inmediata y la personalización algorítmica, sentarnos a conversar con quienes no necesariamente piensan como nosotros es ya una pequeña forma de resistencia humana. 

Y, como ocurre tantas veces en nuestros clubes, los libros llamaron a otros libros. Durante la conversación aparecieron Tolstói, Hannah Arendt, Viktor Frankl, Harari, La sociedad del cansancio, 4 

El mapa cultural, Las personas más raras del mundo, Menos es más… Lecturas distintas que, de una manera u otra, llevan tiempo haciéndonos las mismas preguntas: quiénes somos, cómo queremos vivir y qué sociedad queremos construir. 

La responsabilidad de quienes hemos conocido dos mundos 

Surgió también una reflexión generacional que nos interpela especialmente. Muchos de quienes estábamos allí pertenecemos a generaciones que hemos conocido dos mundos. Crecimos en una sociedad completamente analógica y estamos viviendo ahora, de lleno, la revolución digital. 

Sabemos lo que significa esperar. Aburrirse. Leer durante horas sin interrupciones. Buscar una información que no aparece instantáneamente. Mantener una conversación sin mirar una pantalla. Relacionarnos sin que un algoritmo seleccione previamente lo que vamos a ver, escuchar o pensar. 

Y quizá precisamente por haber conocido ambos mundos tenemos una responsabilidad particular: transmitir a quienes ya han nacido, y a quienes nacerán en un entorno enteramente digital, que preservar nuestra humanidad no puede darse por supuesto. 

Hay que cultivarla. Hay que custodiarla. 

Y hay que hacerlo desde muchos lugares: desde las familias, las escuelas, las empresas, las instituciones y también desde la sociedad civil. Desde cada uno de esos pequeños “metros cuadrados” en los que podemos decidir cómo vivimos, cómo educamos, cómo trabajamos y cómo nos relacionamos. 

Una frase de la encíclica, leída casi al final de la sesión, resumió bien ese mensaje: la historia puede cambiar cuando una sola persona se toma realmente en serio la dignidad de todos. 

Aportar pensamientos 

Terminamos sin conclusiones cerradas. Afortunadamente. Porque alguien encontró una forma mucho mejor de resumir lo que había sucedido durante esas casi dos horas: 

“Aquí no aportamos soluciones. Aportamos pensamientos.” 

Y quizá, en este tiempo de respuestas instantáneas, algoritmos que anticipan nuestras preferencias y máquinas capaces de producir en segundos lo que antes exigía horas, crear espacios en los que todavía nos reunimos para hacernos buenas preguntas, escucharnos y pensar juntos sea una de las mejores maneras de custodiar lo humano. 

Leonor de Aquitania: águila dorada, águila bicéfala

por María José Gómez Yubero (coord. Club de Lectura Alexandreia Historia 1)


La lectura de Leonor de Aquitania de Régine Pernoud (El Acantilado, 2009), fue el punto de partida de una sesión especialmente rica del Club de Lectura Alexandreia de Historia, centrada en una de las mujeres más fascinantes de la Edad Media europea. La obra permite acercarse a Leonor desde una perspectiva rigurosa, alejada de la pura recreación novelesca y de los tópicos que durante siglos han oscurecido su figura. El debate en un club de lectura amplifica las miradas sobre un personaje tan poliédrico como sorprendente en su época.

Pernoud no escribe una novela, aunque la vida de Leonor contenga todos los elementos de una gran narración: poder, belleza, viajes, cruzadas, matrimonios, traiciones, hijos enfrentados, reclusión, ambición, resistencia y una extraordinaria capacidad para volver siempre al centro de la escena. La autora escribe desde el rigor de la historiadora, pero con una sensibilidad narrativa que permite comprender la fuerza humana y política del personaje.

Uno de los grandes méritos del libro es que desmonta la leyenda negra que ha acompañado a Leonor. Durante siglos se la presentó como una mujer frívola, sensual, caprichosa, manipuladora o peligrosa. Se le atribuyeron amantes, intrigas y culpas que muchas veces parecen decir más de quienes las transmitieron que de ella misma. La biografía de Pernoud permite mirar más allá de esas sombras y recuperar a una Leonor mucho más sólida: una mujer culta, poderosa, inteligente y plenamente consciente de su rango.

Leonor no fue simplemente reina de Francia y después reina de Inglaterra. Fue, ante todo, duquesa de Aquitania por derecho propio. Ese dato es esencial para entenderla. Aquitania no era un adorno en su biografía, sino el centro de su identidad política. Era un territorio rico, extenso, refinado y culturalmente brillante. Leonor llegó al matrimonio con poder propio, y toda su vida puede leerse como una defensa de esa herencia, de su autonomía y de su linaje.

Por eso resulta tan sugerente afirmar que Leonor sabía quién era. No aceptó quedar reducida al papel de esposa o madre de reyes, aunque también ejerció esos papeles con enorme trascendencia. Fue una mujer educada para preservar un patrimonio, para entender el poder y para moverse en un mundo de alianzas, vasallajes, guerras y equilibrios familiares. Su ambición, más que un defecto, fue una forma de supervivencia política.

Su primer matrimonio con Luis VII de Francia revela el choque entre dos mundos. Él, más inclinado a la religiosidad y al ideal monástico; ella, heredera de una cultura cortesana, trovadoresca y meridional, más libre y refinada. La anulación de ese matrimonio cambió el mapa de Europa. Poco después, Leonor se casó con Enrique Plantagenet, futuro Enrique II de Inglaterra, y Aquitania quedó vinculada al inmenso espacio político angevino. Con ello, Leonor no solo cambió de marido: desplazó el equilibrio entre Francia e Inglaterra.

Su relación con Enrique II fue mucho más compleja. Enrique era enérgico, incansable, poderoso. Leonor no pudo dominarlo como quizá sí influyó sobre Luis VII, pero tampoco desapareció bajo su sombra. Fue esposa, aliada, rival y finalmente prisionera. Apoyó la rebelión de sus hijos contra Enrique, pagó por ello con años de encierro, pero no quedó anulada. Tras la muerte del rey, regresó a la política con una fuerza asombrosa.

Especialmente intensa fue su relación con Ricardo Corazón de León. Ahí aparece una de las frases más poderosas vinculadas a su figura, cuando se dirige al Papa como “reina de Inglaterra por la ira de Dios”. La expresión resume de forma magnífica su carácter: dolorida, desafiante, consciente de su dignidad y capaz de interpelar incluso a la máxima autoridad espiritual de su tiempo.

La maternidad en Leonor fue también una forma de poder y de permanencia histórica. Sus hijos e hijas proyectaron su influencia por toda Europa: Ricardo Corazón de León y Juan Sin Tierra en Inglaterra; Matilde en el mundo germánico; Juana en Sicilia y Tolosa; y Leonor Plantagenet en Castilla. A través de esta última, su linaje llega a Berenguela, Fernando III, Alfonso X, Isabel la Católica y, de forma remota y simbólica, hasta la actual princesa de Asturias, Leonor de Borbón. Por eso se ha visto en Leonor de Aquitania una verdadera “abuela de Europa”: porque su legado no terminó con su muerte, sino que continuó a través de una descendencia que enlazó buena parte de las casas reales europeas.

El vínculo con Isabel la Católica resulta especialmente sugerente. Ambas fueron mujeres de una conciencia política excepcional: Leonor defendió Aquitania como Isabel defendió Castilla. Las separan tres siglos y mundos muy distintos, el universo feudal de los ducados y vasallajes frente al nacimiento del Estado moderno, y también una proyección diferente: la de Isabel fue más estatal y universal; la de Leonor, más dinástica, territorial y europea, tejida a través del linaje, los matrimonios y la descendencia. Pero ambas comparten algo esencial: no estuvieron simplemente cerca del poder; lo entendieron, lo ejercieron y dejaron una huella decisiva.

La lectura de Pernoud invita también a una reflexión más amplia sobre las mujeres en la historia. Cuando los hombres han ejercido el poder con determinación, se les ha llamado líderes, estrategas o conquistadores. Cuando lo han hecho las mujeres, con frecuencia se las ha descrito como ambiciosas, manipuladoras, arpías o peligrosas. Leonor sufrió esa mirada. Quizá precisamente porque no se resignó, porque no se borró, porque decidió ocupar un lugar que muchos no estaban dispuestos a concederle.

Por eso su figura sigue resultando tan moderna. No porque podamos trasladarla sin más a categorías actuales, sino porque su vida plantea una pregunta que sigue viva: ¿cuántas mujeres han sido deformadas por la historia simplemente por haber sido demasiado libres, demasiado inteligentes o demasiado conscientes de su propio valor?

Leonor de Aquitania fue un personaje de su tiempo, pero también lo desbordó. Fue hija de la cultura trovadoresca, señora feudal, reina, madre, prisionera, negociadora, viajera incansable y matriarca europea. Su vida permite comprender mejor el siglo XII, pero también revisar nuestra forma de mirar a las mujeres que ejercieron poder.

Quizá su nombre no signifique literalmente “águila dorada”, aunque la imagen le convenga profundamente. Leonor fue un águila de oro por su altura, por su fuerza y por su mirada larga sobre la historia. Y fue también, simbólicamente, un águila bicéfala: una cabeza mirando a Francia y otra a Inglaterra; una cabeza coronada por el poder y otra oscurecida por la leyenda negra que quiso verla como mujer peligrosa, demoníaca o dominada por el odio.

Pero por encima de esas sombras permanece la realidad de una mujer incomparable: libre, lúcida, resistente y capaz de volar más alto que los límites que su tiempo quiso imponerle.

Alexandreia y Real Club La Moraleja inician una alianza para crear clubes de lectura

El pasado 15 de diciembre, la Asociación Alexandreia y el Real Club La Moraleja (RCLM) firmaron un acuerdo a tres años para crear clubes de lectura sobre distintas temáticas entre las comunidades de socios de RCLM. Se trata del primer acuerdo con una de las mayores sociedades deportivas de España para Alexandreia, y el inicio de una nueva actividad cultural dirigida a socios para el RCLM.

Alexandreia aportará la experiencia, metodología y tecnología que caracterizan a sus clubes de lectura, mientras que el RCLM creará sus clubes internos, aportará los coordinadores, los miembros y comunicará internamente la actividad para los socios que deseen ser parte.

El RCLM ofrece a sus 6000 socios cuatro campos de golf de 18 hoyos y tiene unas magníficas instalaciones sociales, culturales y deportivas en el campo. El primero y segundo campos se encuentran en la urbanización La Moraleja y Encinar de los Reyes, y el tres y cuatro en Algete.

Una de las características de los clubes de lectura Alexandreia es que todos los miembros pueden proponer libros para cada edición del club, votándolos anónimamente y finalmente leyendo el que haya tenido mayor puntuación. Todo el proceso se realiza a través de la aplicación de Alexandreia, el cual consisten en emails automatizados con los formularios correspondientes. Los clubes Alexandreia tienen un máximo de 20 a 25 personas, con una asistencia media en torno a 12/14 personas por sesión.

RCLM acogerá en sus instalaciones la celebración de las sesiones, ofreciendo una actividad social adicional, de forma recurrente, y que complementa otras actividades culturales. Éstas pueden ser presentaciones de libros o conferencias que ya ofrece a sus socios. Precisamente Alexandreia ha inaugurado una nueva gama de actividades, los Encuentros con Autores, donde los coordinadores de los clubes que lo desean organizan tertulias públicas con escritores a propósito de su libro. La primera fue organizada por la coordinadora del club de historia, María José Gómez Yubero, a propósito del libro Conversos, de David Jiménez Blanco.

Para Alexandreia, el acuerdo con el RCLM supone una nueva ratificación del alcance colaborativo y transversal de nuestro modelo de creación de una red clubes de lectura, cada uno con su propia estructura, temática y personalidad, pero unidos a través de una metodología común de funcionamiento y deseo de promover el pensamiento crítico y la conversación que hace crecer a las personas. Alexandreia propone un asociacionismo activo con todo tipo de instituciones y sociedades que quieran participar en la creación de clubes de lectura sobre libros editados en lengua española, en cualquier parte de España o en el extranjero.

Con este nuevo acuerdo, Alexandreia ya ha firmado cuatro acuerdos institucionales desde su creación en junio 2024, incluyendo la Universidad Politécnica de Madrid, la Fundación Código Venezuela y la Fundación Amigos de la Alhambra. En las próximas semanas se anunciará la creación de más clubes autogestionados y clubes asociativos.

Reseña: « Conversos », una obra de David Jiménez-Blanco (Editorial Almuzara)

por María José Gómez Yubero ::

Conversos es un libro singular, distinto, inesperado, que abre una puerta profunda hacia un pasado que sigue latiendo en el presente. La obra de David Jiménez-Blanco, ópera prima en su faceta de escritor, combina con maestría una narrativa híbrida que se mueve entre el cuaderno de viajes, la crónica histórica, la biografía, la investigación en proceso, la reflexión personal y el diálogo, para reconstruir un capítulo decisivo de la historia española: el mundo de los judíos, de los conversos y de la España que transita del final de la Edad Media al umbral del Renacimiento.

No es casual que la presentación de este libro, que tuve el honor de conducir el pasado 3 de diciembre, haya sido la primera actividad cultural conjunta del Instituto Español de Analistas y de Alexandreia Club de Lectura, dos instituciones a las que me siento estrechamente vinculada tanto por profesión como por vocación. El Instituto Español de Analistas, que este año celebra su 60º aniversario, trabaja para fomentar el análisis riguroso, la formación de calidad y la difusión del conocimiento en el ámbito económico y financiero; Alexandreia, por su parte, nació con la convicción de que la lectura cobra sentido pleno cuando se comparte.

En ambas instituciones confluyen los mismos principios: el interés por comprender los orígenes de los fenómenos, el rigor intelectual y la certeza de que el diálogo es una herramienta imprescindible para aprender. Alexandreia nació, precisamente, bajo la idea de que leer es conversar: somos “lectoconversadores”. Y Conversos es, en esencia, un libro nacido del diálogo.

Ese diálogo se despliega a través del viaje que David emprende junto a Samuel Bengio, descendiente de judíos sefardíes, cuya mirada sirve de contrapunto imprescindible a las raíces cristianas del autor. La tensión creativa entre ambos sostiene el libro: dos tradiciones, dos memorias, dos identidades que se interrogan mutuamente mientras recorren casi 9.000 kilómetros en busca de una historia compartida.

El eje narrativo es la figura extraordinaria de Salomón Leví, rabino burgalés, maestro de rabinos y padre de cinco hijos, que tras su conversión adoptó el nombre de Pablo de Santa María y llegó a ser obispo, primero de Cartagena y después de Burgos, además de canciller del rey de Castilla y asesor de papas. Su vida, larga, brillante y no exenta de controversia, permite entender la complejidad del periodo que se extiende entre 1391 y 1492: los pogromos, las disputas religiosas, el Cisma de Occidente y un entramado de tensiones religiosas, políticas y culturales que marcaron el destino de España durante siglos.

La obra está poblada de personajes memorables. Entre ellos destacan el Papa Luna, Benedicto XIII, hombre de profundas convicciones y aragonés tenaz hasta el extremo; Fernando de Antequera, primer Trastámara en la Corona de Aragón tras el Compromiso de Caspe; el temible Ferrán Martínez, impulsor implacable de los pogromos de 1391, auténtico malo entre los malos de esta historia; y, por supuesto, el omnipresente Vicente Ferrer, figura decisiva en la predicación y en las conversiones masivas del periodo, cuya influencia marcó de forma indeleble la espiritualidad y la política de su tiempo.

El libro se completa con ecos sefardíes de siglos posteriores, como el de José de la Vega, autor del primer manual bursátil, Confusión de confusiones (1688), testimonio de la vitalidad intelectual de una diáspora que siguió prosperando lejos de España.

Aunque las mujeres no ocupan un papel protagonista, Conversos recupera la presencia de varias figuras esenciales: Catalina de Lancaster, impulsora de las Leyes de Valladolid; Joana, la esposa de Salomón Leví, a quien él terminó abandonando pero junto a la cual acabaría siendo enterrado; Teresa de Cartagena, la nieta sorda que llegó a convertirse en la primera escritora religiosa casi contemporánea de Teresa de Jesús, también descendiente de conversos; y, aunque solo de pasada, la imponente figura de Isabel la Católica, cuyo reinado constituye el telón de fondo final de esta historia.

Con una prosa clara y una estructura dinámica, Conversos invita al lector no solo a conocer la historia, sino a pensarla. Y es ahí donde surge una pregunta inevitable: ¿qué hubiera pasado si no se hubiera forzado la conversión o si no hubiera habido expulsión? ¿Existían alternativas viables? ¿Cómo habría cambiado el devenir de España? ¿Habría influido en la larga decadencia posterior del Imperio? Y, sobre todo: ¿qué papel podría haber jugado una mayor diversidad cultural en la construcción de una España más abierta, más plural, quizá más dialogante?

Estas preguntas no buscan reescribir el pasado, sino comprender el presente. Y hacen de Conversos un libro profundamente actual: una invitación a reflexionar sobre nuestra identidad y a revisar, sin miedo, las sombras y posibilidades de nuestra propia historia.

Si algo nos recuerda este libro y la conversación que inspira es que la historia nos habla, nos cuestiona y nos ilumina. En un mundo de incertidumbre, en una auténtica confusión de confusiones, la respuesta siempre está en los libros. Como decía recientemente la reina Letizia, todos los caminos llevan a los libros.

Identidad, memoria y diálogo: la travesía de « Conversos »

La primera presentación de un libro con su autor dentro de las actividades de Alexandreia comenzó con una energía particular, como si la curiosidad colectiva hubiese encontrado un hogar natural.

La sesión fue inaugurada por Lola Solana, presidenta del Instituto Español de Analistas Financieros, quien dio la bienvenida al público y subrayó el valor de espacios donde el conocimiento puede compartirse con rigor y cercanía. En ese marco, se reunieron David Jiménez-Blanco, María José Gómez Yubero y Samuel Bengio para conversar acerca de la obra del primero de ellos: Conversos (Almuzara, 2025). Se trató de un diálogo que no solo iluminó la obra, sino también las preguntas que laten bajo la historia de la península.

La obra de Jiménez-Blanco avanza con ritmo de viaje y rigor de archivo, pero también con esa voz baja del que se hace preguntas simples y enormes. “Siempre me han interesado los porqués”, dijo en uno de los primeros momentos del encuentro, y esa declaración funciona como brújula de un libro que mezcla historia, desplazamientos, biografía y reflexión. Conversos sigue las huellas de Salomón Leví —rabino, maestro de rabinos, obispo, asesor real y figura tan extraordinaria como inquietante— para revelar cómo la historia de España se ha tejido a través de identidades múltiples, capas superpuestas y una mezcla mucho más profunda de lo que solemos admitir. “Los españoles llevamos dentro mucha más sangre judía de la que creemos”, recordó el autor, y la sala entera pareció acomodarse en el peso de esa afirmación.

Samuel Bengio aportó la perspectiva judía contemporánea desde un lugar íntimo y generoso. Explicó cómo, tras la destrucción del Templo en el año 70, el judaísmo se volvió portátil, capaz de deslocalizar sus rituales sin perder cohesión ni memoria. Esa portabilidad, esa fuerza de transmisión, es la que permitió que las comunidades sefardíes florecieran en la península durante quince siglos. La historia resonó en un punto esencial del libro: los judíos no desaparecieron; permanecieron, se transformaron, se mezclaron, dejaron huellas. Como recordó Bengio, “el judío existe porque consigue transmitir aquello en lo que cree”, una frase que se instaló con suavidad en el público, casi como una revelación compartida.

La conversación transitó desde los pogromos de 1391 —ese incendio tardío en comparación con el resto de Europa— hasta las tensiones que la centralización del poder generó en reinos como Castilla y Aragón. Jiménez-Blanco señaló que la uniformidad es una enfermedad típica de los sistemas que acumulan autoridad y que la minoría visible siempre acaba pagando el costo. El diálogo avanzaba con naturalidad entre fechas, ciudades y personajes (el Papa Luna, Vicente Ferrer, Catalina de Lancaster) que iluminan ese periodo en el que las comunidades judías, poco a poco, fueron empujadas hacia el límite de lo soportable.


Uno de los momentos más vívidos surgió cuando María José recuperó la figura de Giovanna, esposa de Salomón Leví. La historia apenas conserva rastros de ella, pero su silencio resuena como la otra cara del libro: la de aquellos que no eligieron convertirse, la de quienes observaron desde el borde cómo un mundo entero se desmoronaba. Esa dimensión íntima, casi doméstica, es la que vuelve Conversos un libro tan humano. Jiménez-Blanco no escribe solo sobre procesos históricos, sino sobre decisiones irreversibles, pérdidas, renuncias y fidelidades.

La lectura del libro también encendió una reivindicación inesperada: la de la Edad Media. El autor recordó, entre risas, que muchas de las sombras que atribuimos a ese periodo pertenecen en realidad al Renacimiento, y que la cultura medieval española —entre traducciones, escuelas y convivencia— fue una de las grandes bisagras del pensamiento europeo. Fue un guiño de justicia histórica que el público celebró con entusiasmo.

Hacia el final, la conversación derivó hacia la idea de diversidad perdida. Bengio lo expresó con claridad: expulsar a judíos y moriscos significó expulsar complejidad, y con ello creatividad, riqueza intelectual, formas distintas de mirar. Se insinuó una pregunta imposible pero fértil: ¿qué habría sido España si no hubiera renunciado a esa pluralidad? La historia no concede segundas versiones, pero sí nos permite imaginar futuros distintos. Quizá por eso Conversos encuentra su fuerza: porque no es solo un libro sobre el pasado, sino un espejo que pide atención al presente.

En ese espejo también se reconoce Alexandreia. Como recordó Enrique Titos, la asociación nació en 2024 con el deseo de unir la lectura —actividad íntima— con la conversación —acto radicalmente plural, y hoy ha crecido hasta reunir catorce clubes en Madrid, Melilla y Alicante. Este encuentro con autores inaugura una nueva línea de actividad que confirma algo esencial: cuando un libro se encuentra con una comunidad lectora, el texto se expande y se llena de vida. Somos, al fin y al cabo, lectoconversadores.

Durante toda la sesión, Lola Solana acompañó el encuentro con una discreta cercanía que recordaba la vocación del Instituto: tender puentes entre el pensamiento crítico, la conversación y la comunidad profesional que lo sostiene.

Al salir del Instituto, quedó en el aire esa sensación tan nuestra, casi reconocible ya como un sello Alexandreia: la intuinción de que la cultura se vuelve más luminosa cuando se comparte, que un libro se expande cuando alguien lo piensa en voz alta y que la conversación crea comunidad incluso antes de que nos demos cuenta. Quizá esa sea nuestra misión más silenciosa: acompañarnos leyendo, pensar juntos y seguir construyendo un espacio donde la palabra circule con libertad y cuidado. En cada encuentro, en cada club, en cada lector que llega, late esa idea sencilla y poderosa: la lectura nos reúne, la conversación nos transforma. Somos, y seguiremos siendo, lectoconversadores.

Más conectados, más aislados. ¿Tiene solución?

En la era de la hiperconexión, donde los dispositivos digitales se han convertido en mediadores de nuestras relaciones, cabría pensar que nunca hemos estado más acompañados. Pero la realidad es otra: la soledad se ha convertido en una de las grandes emergencias sociales de nuestro tiempo. No es sólo una impresión generacional ni un fenómeno aislado; es un desafío que atraviesa edades, países y contextos, hasta el punto de que en 2018 el Reino Unido creó un Ministerio de la Soledad. En un reciente coloquio Encuentro sobre el Pensamiento organizado por Arquia Cultura, descubrimos por qué esta paradoja se ha instalado en nuestras vidas y qué puede hacerse, desde lo personal y lo colectivo, para recomponer vínculos que parecen haberse ido deshilachando.

Hay una constatación llamativa y contraintuitiva: los jóvenes son hoy el grupo más afectado por la soledad. Entre los 16 y los 24 años se registran las mayores tasas de aislamiento emocional, un dato que contradice la impresión de que este es un problema propio de la vejez. La hipercomunicación, en lugar de acercarnos, ha modificado nuestros hábitos de conversación, de atención y de presencia. Disponemos de más canales, más estímulos, más pantallas… y sin embargo hablamos menos, escuchamos menos y nos reunimos menos. Incluso el acceso masivo al conocimiento, que podría habernos hecho más dialogantes, ha producido un efecto inesperado: cada uno se atrinchera en sus convicciones, alimentado por algoritmos que refuerzan certezas y ahogan matices.

Los asistentes al coloquio analizaron el fenómeno desde el ángulo filosófico, sociológico y psiquiátrico. Coincidieron todos en que la respuesta al problema no puede delegarse enteramente en el Estado. Las instituciones deben intervenir en casos de vulnerabilidad extrema, pero la raíz de esta crisis no es normativa, sino comunitaria. A medida que las redes de apoyo naturales —familia, vecinos, grupos de pertenencia— se debilitan, aparece una especie de “vacío social” que ninguna ley puede llenar. Tocqueville ya advirtió hace dos siglos que cuando los ciudadanos se repliegan en lo privado dejan de ser ciudadanos y se convierten en súbditos. El Estado puede proteger, pero no puede sustituir al tejido emocional que nace del encuentro entre personas.

Desde el ámbito clínico, la situación adquiere matices igualmente reveladores. En las consultas de psiquiatría han aumentado exponencialmente los casos ligados al “sufrimiento de la vida”: ansiedad, insomnio, angustia difusa, agotamiento emocional. Problemas que antes se elaboraban en diálogo con el entorno y que hoy se medicalizan casi por defecto. Sin embargo, los fármacos no pueden reemplazar lo que antes ofrecía la conversación cotidiana: acompañamiento, escucha, contención. Uno de los datos más impactantes del coloquio fue que la soledad percibida duplica o triplica la mortalidad de pacientes que han sufrido un infarto. Más allá del número de contactos, lo decisivo es la sensación íntima de no tener a nadie.

La tecnología aparece repetidamente como acelerador del problema. Muchos investigadores sitúan un punto de inflexión en 2010, coincidiendo con el diagnóstico de Jonathan Haidt (La generación ansiosa – Deusto 2024), momento en el que la popularización de la cámara frontal del iPhone y el nacimiento de Instagram cambiaron la relación con nuestra imagen y con la percepción del valor propio. La atención —un recurso escaso, quizás el más valioso hoy— se fragmenta. Los jóvenes crecen entre una absoluta falta de supervisión en internet y una sobreprotección extrema en la vida real, lo que erosiona su autonomía y su capacidad de resiliencia. A ello se suma la polarización política alimentada por algoritmos que premian la indignación, creando burbujas donde ya no se conversa: se combate. Las familias y amistades se resquebrajan por adhesiones partidistas que, lejos de generar pensamiento crítico, fomentan emociones binarias.

Pero el coloquio no se quedó únicamente en el diagnóstico. También ofreció caminos posibles para reconstruir vínculos. Uno de ellos es asumir que la vulnerabilidad no es un fallo, sino un puente. En un mundo obsesionado con la perfección, la verdadera conexión se produce cuando se comparte lo frágil. La compañía —no la presencia simbólica, sino la real— se convierte en una forma de cuidado tan fundamental como cualquier política pública. A veces, la diferencia entre sentirse acompañado o abandonado está en gestos mínimos: un mensaje auténtico, una visita, un tupper que llega justo cuando alguien lo necesita. La vida comunitaria no se sostiene con grandes discursos, sino con pequeñas heroicidades diarias, como apagar el móvil para atender realmente a quien tenemos delante.

El coloquio cerró con una idea que encaja profundamente con el espíritu de los clubes de lectura de Alexandreia: no somos individuos aislados, sino personas que existen en relación. La palabra “comunidad” proviene de munus, “deuda mutua”: vivir juntos implica reconocernos necesitados unos de otros. Frente al miedo a ser sustituidos por la inteligencia artificial, conviene recordar que aquello que nos hace humanos —la capacidad de cuidar, de escuchar, de conversar— no es automatizable. En tiempos de soledad, recuperar estos espacios de conversación auténtica se vuelve imprescindible.

Quizás, en medio del ruido, la lectura compartida siga siendo uno de los mejores caminos para reencontrarnos. Porque leer con otros, pensar con otros y hablar con otros nos recuerda que, aunque vivamos rodeados de pantallas, seguimos siendo seres diseñados para la compañía.

La Asociación Alexandreia firma un convenio con Fundación Amigos de la Alhambra

El 6 de noviembre el presidente de la Fundación Amigos de la Alhambra, David Jiménez-Blanco y el presidente de la Asociación Alexandreia, Enrique Titos, firmaron un convenio de colaboración para crear clubes de lectura y participar en eventos literarios en el marco de las actividades de la Fundación.

El convenio se firmó en el Palacio de Carlos V dentro del recinto de la Alhambra, tras la finalización de una conferencia del historiador mexicano Juan Miguel Zunzunegui sobre 1492: el año que cambió el mundo. El evento, organizado por la Fundación, resultó un éxito de convocatoria del cual Alexandreia se hizo eco en sus redes.

La Fundación Amigos de la Alhambra, creada en 2024, tiene como fin esencial la promoción, estímulo y desarrollo de cuantas acciones culturales, educativas y sociales contribuyan a la conservación, conocimiento, difusión y disfrute del patrimonio histórico-artístico del recinto de la Alhambra, así como a la vinculación ciudadana con este legado universal. La Alhambra es uno de los monumentos más visitados por turistas en toda España junto con la Sagrada Familia. El Patronato de la Fundación está compuesto por personas muy reconocidas dentro del ámbito social, cultural y económico de la ciudad de Granada.

La Fundación tiene un activo programa de captación de Amigos de la Alhambra con distintas modalidades de participación económica. Los miembros de los clubes Alexandreia recibirán un descuento del 25% sobre las tarifas oficiales, y podrán participar en los eventos asociados al programa. Para más información los interesados podrá contactar directamente con la Fundación identificándose como miembros de un club de lectura de Alexandreia. La Asociación Alexandreia está desarrollando su propio programa de Amigos de Alexandreia dirigido a personas que simpaticen con los objetivos de creación de clubes de lectura como eje para el refuerzo del pensamiento crítico y del diálogo y aprendizaje colectivo.

A partir de este convenio, la Asociación Alexandreia y la Fundación Amigos de la Alhambra comenzarán a explorar el lanzamiento de clubes conjuntos entre los asociados de la Fundación, y más adelante en otros entornos culturales y educativos de la ciudad de Granada. 

Con este acuerdo, ya son tres los acuerdos de colaboración firmados por Alexandreia con distintas instituciones. El primero se firmó con la Universidad Politécnica de Madrid a los pocos meses de la creación de Alexandreia, y posteriormente con la Fundación Código Venezuela, que ofrece distintos servicios a más de 15.000 venezolanos afincados en España. Con ambas organizaciones Alexandreia ha desarrollado ya clubes activos. 

Con este acuerdo, Alexandreia ya está presente en cuatro localizaciones en España tras poco más de un año de vida: Madrid, Alicante, Melilla, y ahora Granada.

Recientemente la Asociación Alexandreia ha puesto en marcha el programa de Embajadores de Alexandreia para establecer contactos culturales en distintas zonas de España para crear nuevos clubes de lectura. Las personas interesadas en ser embajadores de Alexandreia pueden solicitar más información a través de contacto@alexandreia.org.

Nace Ágora Alexandreia – Encuentros con autores

Queremos presentar Ágora Alexandreia – Encuentros con autores, una nueva línea de actividades de la Asociación Alexandreia que complementa nuestra actividad central de creación de clubes de lectura.

A diferencia de las sesiones de los clubes, donde los protagonistas son los miembros comentando la lectura compartida, aquí el foco está en la conversación pública con el autor, en torno a su obra, su trayectoria, su contexto creativo y las lecciones que ofrece hoy su literatura.

Con esta iniciativa damos un paso más en la construcción de una comunidad lectora viva y participativa, creando espacios donde miembros de distintos clubes y público lector general pueden dialogar directamente con autores contemporáneos en un formato abierto, cercano y enriquecedor.

Los «Encuentros con autores» serán tertulias extraordinarias, conducidas por coordinadores de clubes Alexandreia y construidas alrededor de la conversación con un escritor invitado. Más allá del análisis de un libro concreto, estos encuentros buscarán conocer al invitado, entender su obra en un contexto determinado y explorar las resonancias que tiene hoy en los lectores. La estructura es simple y dinámica: una breve apertura institucional, un diálogo guiado entre coordinador y autor, seguido de un coloquio final donde el público puede intervenir libremente. Todo ello en sesiones de 60 a 90 minutos, en las que la literatura se convierte en conversación viva.

Esta iniciativa refuerza la presencia pública de Alexandreia, acercando a los autores a los lectores en un formato cercano, dando visibilidad al papel de nuestros coordinadores como dinamizadores culturales, y fomentando la transversalidad entre clubes al facilitar la participación de personas de distintos grupos. 

Los encuentros pueden celebrarse en librerías, bibliotecas, fundaciones u otros espacios culturales con capacidad para 20 a 50 personas, y pueden ser grabados o retransmitidos. Su gestación puede surgir de la propuesta de un coordinador, del propio autor, de una editorial o agente literario, siempre con aprobación de la Junta Directiva de Alexandreia. El coordinador responsable se encarga de la convocatoria y organización, con apoyo del equipo de comunicación, utilizando formularios de inscripción abiertos tanto a miembros como al público general.

Estamos contentos de poder anunciar la primera sesión de Encuentros con Autores:

Libro: Conversos (editorial Almuzara)
Autor: David Jiménez-Blanco
Co-protagonista de la obra: Samuel Bengio
Coordinador convocante: María José Gómez Yubero, coordinadora del club de lectura de Historia
Fecha: 3 diciembre 2025, 19:00h
Lugar: sede Instituto Español de Analistas

Con Ágora Alexandreia – Encuentros con autores queremos consolidar a Alexandreia como un referente cultural en el encuentro entre lectores y autores, impulsar una programación periódica de diálogos literarios, fortalecer relaciones con espacios culturales y editoriales, e ir construyendo una memoria audiovisual que refleje la experiencia lectora y humana de nuestra comunidad.

Seguimos ampliando horizontes, creando espacios de conversación auténtica y acercando la literatura a quienes quieren vivirla en primera persona. En Alexandreia, seguimos leyendo y conversando.

Creamos el club de lectura Clásicos Modernos sobre Narrativa

Damos un nuevo paso con la creación del club de lectura Clásicos Modernos sobre Narrativa en Madrid, el decimocuarto de Alexandreia en España.

Con este club volvemos a profundizar en la categoría de Narrativa, desde una perspectiva interesante. Este club se focalizará en obras memorables que han jalonado este género literario a lo largo de los dos últimos siglos. Se trata de obras escritas en unos contextos muy distintos del actual, con estilos literarios propios de su época. Además, son obras de autores mayormente fallecidos, pero que han dejado una huella imborrable en la historia de la literatura y en los lectores de más edad, manteniéndose como referencia obligada para una biblioteca bien construida. 

El nuevo club estará coordinado por Francisco Sáinz Fernández (Chisco), que ha coordinado de forma previa el club de lectura Economía 2. Muchas personas son lectores sobre temáticas diversas, y cambiar es una posibilidad en el universo de los clubes Alexandreia. 

Este club pone de manifiesto la flexibilidad y autogestión de que disponen los clubes Alexandreia a través del Documento de Alcance (Estatutos) de cada club, que permite contemplar las singularidades y el perfil de interés de cada grupo de lectura.

El primer libro libro que se leerá es Por qué leer a los clásicos, de Italo Calvino (Editorial Siruela). La primera sesión tendrá lugar el 22/01/2025. A partir de ese encuentro, serán los miembros del club los que propongan y voten el libro a leer en cada edición del club.

Con este club ya somos catorce en toda España, sobre ocho temáticas distintas, con 260 miembros, en tres ciudades y con tres acuerdos institucionales para desarrollar clubes en su seno. 

Vamos a seguir creando clubes en toda España, de todas las categorías literarias, a través de grupos de personas individuales o a través de instituciones y empresas que quieran promoverlos junto con Asociación Club de Lectura Alexandreia. Si estás interesado en hablar con nosotros o conoces a alguien interesado, contáctanos en https://lnkd.in/dPQmcast.