Reseña: « Conversos », una obra de David Jiménez-Blanco (Editorial Almuzara)

por María José Gómez Yubero ::

Conversos es un libro singular, distinto, inesperado, que abre una puerta profunda hacia un pasado que sigue latiendo en el presente. La obra de David Jiménez-Blanco, ópera prima en su faceta de escritor, combina con maestría una narrativa híbrida que se mueve entre el cuaderno de viajes, la crónica histórica, la biografía, la investigación en proceso, la reflexión personal y el diálogo, para reconstruir un capítulo decisivo de la historia española: el mundo de los judíos, de los conversos y de la España que transita del final de la Edad Media al umbral del Renacimiento.

No es casual que la presentación de este libro, que tuve el honor de conducir el pasado 3 de diciembre, haya sido la primera actividad cultural conjunta del Instituto Español de Analistas y de Alexandreia Club de Lectura, dos instituciones a las que me siento estrechamente vinculada tanto por profesión como por vocación. El Instituto Español de Analistas, que este año celebra su 60º aniversario, trabaja para fomentar el análisis riguroso, la formación de calidad y la difusión del conocimiento en el ámbito económico y financiero; Alexandreia, por su parte, nació con la convicción de que la lectura cobra sentido pleno cuando se comparte.

En ambas instituciones confluyen los mismos principios: el interés por comprender los orígenes de los fenómenos, el rigor intelectual y la certeza de que el diálogo es una herramienta imprescindible para aprender. Alexandreia nació, precisamente, bajo la idea de que leer es conversar: somos “lectoconversadores”. Y Conversos es, en esencia, un libro nacido del diálogo.

Ese diálogo se despliega a través del viaje que David emprende junto a Samuel Bengio, descendiente de judíos sefardíes, cuya mirada sirve de contrapunto imprescindible a las raíces cristianas del autor. La tensión creativa entre ambos sostiene el libro: dos tradiciones, dos memorias, dos identidades que se interrogan mutuamente mientras recorren casi 9.000 kilómetros en busca de una historia compartida.

El eje narrativo es la figura extraordinaria de Salomón Leví, rabino burgalés, maestro de rabinos y padre de cinco hijos, que tras su conversión adoptó el nombre de Pablo de Santa María y llegó a ser obispo, primero de Cartagena y después de Burgos, además de canciller del rey de Castilla y asesor de papas. Su vida, larga, brillante y no exenta de controversia, permite entender la complejidad del periodo que se extiende entre 1391 y 1492: los pogromos, las disputas religiosas, el Cisma de Occidente y un entramado de tensiones religiosas, políticas y culturales que marcaron el destino de España durante siglos.

La obra está poblada de personajes memorables. Entre ellos destacan el Papa Luna, Benedicto XIII, hombre de profundas convicciones y aragonés tenaz hasta el extremo; Fernando de Antequera, primer Trastámara en la Corona de Aragón tras el Compromiso de Caspe; el temible Ferrán Martínez, impulsor implacable de los pogromos de 1391, auténtico malo entre los malos de esta historia; y, por supuesto, el omnipresente Vicente Ferrer, figura decisiva en la predicación y en las conversiones masivas del periodo, cuya influencia marcó de forma indeleble la espiritualidad y la política de su tiempo.

El libro se completa con ecos sefardíes de siglos posteriores, como el de José de la Vega, autor del primer manual bursátil, Confusión de confusiones (1688), testimonio de la vitalidad intelectual de una diáspora que siguió prosperando lejos de España.

Aunque las mujeres no ocupan un papel protagonista, Conversos recupera la presencia de varias figuras esenciales: Catalina de Lancaster, impulsora de las Leyes de Valladolid; Joana, la esposa de Salomón Leví, a quien él terminó abandonando pero junto a la cual acabaría siendo enterrado; Teresa de Cartagena, la nieta sorda que llegó a convertirse en la primera escritora religiosa casi contemporánea de Teresa de Jesús, también descendiente de conversos; y, aunque solo de pasada, la imponente figura de Isabel la Católica, cuyo reinado constituye el telón de fondo final de esta historia.

Con una prosa clara y una estructura dinámicaConversos invita al lector no solo a conocer la historia, sino a pensarla. Y es ahí donde surge una pregunta inevitable: ¿qué hubiera pasado si no se hubiera forzado la conversión o si no hubiera habido expulsión? ¿Existían alternativas viables? ¿Cómo habría cambiado el devenir de España? ¿Habría influido en la larga decadencia posterior del Imperio? Y, sobre todo: ¿qué papel podría haber jugado una mayor diversidad cultural en la construcción de una España más abierta, más plural, quizá más dialogante?

Estas preguntas no buscan reescribir el pasado, sino comprender el presente. Y hacen de Conversos un libro profundamente actual: una invitación a reflexionar sobre nuestra identidad y a revisar, sin miedo, las sombras y posibilidades de nuestra propia historia.

Si algo nos recuerda este libro y la conversación que inspira es que la historia nos habla, nos cuestiona y nos ilumina. En un mundo de incertidumbre, en una auténtica confusión de confusiones, la respuesta siempre está en los libros. Como decía recientemente la reina Letizia, todos los caminos llevan a los libros.