por María José Gómez Yubero, coordinadora
Resumen de la sesión del Club de Lectura Alexandreia Historia del 24 de septiembre de 2026
La sesión comenzó con una breve referencia a Stacy Schiff, reconocida biógrafa estadounidense, ganadora del Premio Pulitzer por su biografía de Véra Nabokov y autora también de trabajos sobre Saint-Exupéry, Benjamin Franklin, los juicios de Salem y Samuel Adams. Cleopatra. Una vida es fruto de varios años de investigación y de una dificultad que condiciona todo el libro: la extraordinaria escasez de fuentes directas sobre la figura. También influyó el hecho de que buena parte de las referencias que han llegado hasta nosotros fueran escritas mucho después de su muerte y desde la perspectiva de Roma, es decir, de quienes terminaron derrotándola.
La impresión inicial del libro fue la de una obra densa y exigente, que requiere una lectura lenta, pero que gana a medida que se avanza. Su principal atractivo está precisamente en el intento de Schiff de atravesar las capas de mito acumuladas durante más de dos mil años y recuperar a Cleopatra no como la seductora que ha fijado el imaginario popular, sino como reina, política y estadista. Procura situarla además en un momento extraordinario: el final del mundo helenístico y el nacimiento de la Roma imperial.

Esta misma impresión apareció repetidamente durante la conversación. Varios participantes coincidieron en que el libro cuesta al principio, tanto por la cantidad de información como por una prosa muy condensada y, en algunas ediciones, por una traducción que resulta poco natural.
Al mismo tiempo, se valoró que Schiff sea muy transparente respecto de las limitaciones de sus fuentes: presenta versiones distintas, señala las contradicciones y deja claro cuándo se mueve en el terreno de la probabilidad. Esa forma de trabajar permitió que una de las grandes preguntas de la sesión fuera precisamente ésta: ¿hasta dónde puede llegar una biografía cuando sabemos tan poco directamente de su protagonista?
Redescubrir a Cleopatra
Uno de los mayores logros atribuidos al libro fue haber permitido a muchos descubrir una Cleopatra muy distinta de la que tenían en la memoria. Frente a la imagen construida por Hollywood, Shakespeare o la tradición posterior, apareció una mujer extraordinariamente formada, políglota, conocedora también de la lengua egipcia, inteligente, elocuente y con una enorme capacidad de negociación.

Se destacó especialmente el hecho de que Cleopatra fuera la única de su dinastía que se preocupó por aprender la lengua de buena parte del pueblo que gobernaba. También llamó la atención su capacidad para moverse entre culturas diferentes y utilizar tanto las tradiciones griegas como las egipcias para reforzar su legitimidad.
En este contexto surgió también una comparación llamativa entre el libro e Isabel la Católica. Una de las participantes señaló que Schiff recurre a Isabel de España al hablar de la intervención de Cleopatra en cuestiones militares, comparación que resultó especialmente sugerente porque pone en paralelo a dos mujeres que ejercieron directamente el poder y que no se limitaron al papel que convencionalmente se esperaba de ellas.
La discusión volvió varias veces sobre una idea que atraviesa el libro: quizá el verdadero poder de seducción de Cleopatra no residiera fundamentalmente en la belleza, sino en la inteligencia, la conversación, la cultura, la voz, la capacidad para fascinar y un extraordinario dominio de la puesta en escena. Su llegada a Tarso para encontrarse con Marco Antonio fue uno de los ejemplos comentados: Cleopatra comprendía perfectamente el valor político del fasto, de los símbolos y de la teatralidad del poder.
Una vida de lucha y supervivencia
Una definición surgida en la conversación resume muy bien al personaje: Cleopatra. Una vida podría haberse llamado también «Cleopatra. Una vida de lucha y supervivencia«.
Gobernó durante más de veinte años en una situación extremadamente frágil, con una dinastía marcada por las luchas familiares y con Roma avanzando inexorablemente sobre el Mediterráneo oriental. Egipto era enormemente rico y estratégico y Cleopatra sabía que mantener su independencia iba a resultar cada vez más difícil.
Desde esta perspectiva, las relaciones con Julio César y Marco Antonio se discutieron mucho menos como grandes historias románticas que como alianzas políticas. Cleopatra necesitaba el apoyo del poder romano para conservar Egipto y asegurar la continuidad de su dinastía; César y, especialmente, Marco Antonio necesitaban a su vez el dinero, los suministros, los barcos y los recursos egipcios. Amor e interés político pudieron convivir perfectamente, pero reducir aquellas relaciones al romance parece empobrecer enormemente la historia.
También se señaló su extraordinaria capacidad para reaccionar ante situaciones límite. Tras el asesinato de Julio César, supo abandonar Roma cuando su posición y la de Cesarión se habían vuelto peligrosas y consiguió después reposicionarse en el nuevo equilibrio de poder. Esa sucesión de maniobras ayuda a entender por qué mantenerse en el trono durante más de dos décadas fue, en sí mismo, un logro considerable.
Una mirada desde el derecho romano
Una de las intervenciones más interesantes de la sesión ayudó a poner en contexto la relación de Cleopatra con Roma desde una perspectiva jurídica.
Se recordó que no podemos trasladar automáticamente nuestras categorías actuales de matrimonio, filiación o herencia al mundo romano. Cleopatra era extranjera y no pertenecía a la comunidad jurídica romana, por lo que ni ella ni sus hijos tenían, por ese solo hecho, la misma posición que una esposa romana o los hijos nacidos dentro de una unión reconocida conforme al derecho romano.
Esta explicación ayudó a entender mejor cuestiones que en una lectura moderna pueden resultar sorprendentes: por qué la relación de Marco Antonio con Cleopatra era vista en Roma de una manera tan distinta de su matrimonio con Octavia, por qué sus hijos con Cleopatra no ocupaban automáticamente una posición sucesoria equivalente y por qué la figura de Cesarión podía ser políticamente enormemente peligrosa sin que eso significara que tuviera un derecho sucesorio reconocido en Roma.
También se señaló que la expansión romana no implicaba necesariamente la aplicación uniforme del derecho romano a todos los territorios conquistados. Roma podía mantener acuerdos con distintos pueblos y respetar sus propias normas y jurisdicciones, mientras determinados derechos quedaban ligados a la condición de ciudadano romano. Esta perspectiva jurídica permitió comprender mejor hasta qué punto Roma era a la vez un poder político, militar y jurídico, y cómo la condición personal y la ciudadanía determinaban derechos que hoy damos por supuestos.
Egipto y Alejandría: un mundo que parecía funcionar “al revés”
Otro aspecto muy valorado fue que el libro permite conocer no sólo a Cleopatra, sino el mundo que la rodeaba.
Alejandría despertó especial fascinación: la ciudad, el puerto, el Faro, la Biblioteca, su enorme riqueza cultural y comercial y su posición estratégica entre el Mediterráneo y el valle del Nilo. Para algunos participantes, esta reconstrucción del mundo helenístico fue casi tan interesante como la propia biografía.
Una de las participantes recordó además una descripción especialmente llamativa del libro: ≪ Egipto aparecía ante los ojos del mundo grecorromano como un país en el que muchas cosas parecían ocurrir “al revés” ≫. El Nilo fluía hacia el norte, determinados ciclos agrícolas resultaban inversos a los conocidos en el Mediterráneo y Schiff recoge incluso costumbres domésticas que sorprendían a los autores antiguos, como la referencia a que las mujeres orinaban de pie y los hombres sentados. Más allá de lo anecdótico, estos detalles ayudaron a visualizar hasta qué punto Egipto era percibido como un mundo distinto, con usos y formas de organización propias.
También surgió repetidamente el trasfondo económico de toda la historia. Egipto era el granero del Mediterráneo, disponía de enormes recursos y de una sofisticada administración fiscal. Cleopatra heredó además una situación financiera complicada y el debate destacó su atención a la moneda, los ingresos del reino y la utilización de su riqueza como instrumento de política exterior.
De ahí surgió una observación interesante para el propio club: los libros de historia enseñan también mucha economía. Detrás de las alianzas, las guerras y las rivalidades personales aparecían continuamente el dinero, los alimentos, los impuestos, las rutas comerciales y el control de los recursos.
El límite militar y Actium
La batalla de Actium fue uno de los episodios que generó opiniones más divididas. Para algunos, las páginas dedicadas a la batalla resultaron excesivamente detalladas; para otros, permitieron identificar quizá uno de los límites de Cleopatra.
Se planteó que su talento político y diplomático era muy superior a su capacidad militar y que su intervención en decisiones estratégicas pudo contribuir al desastre final. Al mismo tiempo, la conversación puso de relieve que Marco Antonio sí era un militar experimentado, aunque mucho más impulsivo y menos hábil políticamente que Octavio.
El contraste entre los protagonistas resultó especialmente sugerente: César reunía capacidades militares y políticas; Antonio era esencialmente un gran militar; Octavio, con Agripa como gran ejecutor militar, fue ante todo un extraordinario político. Cleopatra tuvo que intentar sobrevivir entre todos ellos.
Octavio ganó también el relato

Probablemente uno de los temas más interesantes de la sesión fue el de la propaganda.
Se insistió en que Octavio no sólo venció militarmente a Cleopatra y Marco Antonio. Consiguió convertir a Cleopatra en la enemiga de Roma y fijar una imagen que ha sobrevivido durante siglos: la reina oriental, peligrosa, lujosa, manipuladora y sexualmente irresistible que había apartado a Marco Antonio de sus deberes romanos.
La formulación que surgió en la conversación fue muy gráfica: Octavio consiguió construir ese relato sin necesidad de redes sociales. Es un ejemplo extraordinario de hasta qué punto la historia puede ser también la historia de los vencedores.
El debate llevó además al cine. La Cleopatra de Elizabeth Taylor refleja en buena medida el imaginario de los años sesenta, de la misma manera que representaciones actuales proyectan sobre ella preocupaciones contemporáneas. Cada época parece haber construido su propia Cleopatra, hasta el punto de que resulta difícil separar a la mujer real de los sucesivos personajes creados sobre ella.
Cleopatra, las mujeres y el poder
Este fue probablemente el tema que dio lugar a las reflexiones más actuales.
El libro permitió comparar la posición de las mujeres en Egipto con la situación de las romanas y comentar algunos derechos de los que gozaban las primeras en materia patrimonial, matrimonial o sucesoria. La conversación fue más allá para preguntarse por la forma en que la historia ha tratado a las mujeres poderosas.
Apareció repetidamente una idea: comportamientos que en un hombre se describen como estrategia, ambición o capacidad política, en una mujer pueden pasar a calificarse como manipulación, intriga o seducción. Una frase del libro comentada en la sesión lo expresa con especial claridad: el mismo pragmatismo frío y calculado podía convertirse en estrategia cuando se trataba de César y en manipulación cuando se atribuía a Cleopatra.
De ahí surgió una pregunta que quedó abierta: ¿seguimos todavía interpretando de manera distinta el poder, la inteligencia y la ambición cuando los ejerce una mujer?
El final: Antonio, Octavio y la decisión de morir
De la misma manera, se habló de cómo el libro modifica la imagen convencional del final de Cleopatra.
No existe una sucesión inmediata y puramente romántica entre el suicidio de Marco Antonio y el de Cleopatra. Entre ambos hubo días de negociaciones y maniobras en los que Cleopatra siguió intentando obtener de Octavio garantías para sus hijos. Incluso en la derrota definitiva continuó actuando políticamente.
Su suicidio se interpretó, por ello, no sólo como desesperación, sino como un último gesto de control y dignidad. Cleopatra comprendió que Octavio pretendía llevarla a Roma y exhibirla en su triunfo. Morir significaba impedirle convertirla en el trofeo definitivo de su victoria. También se comentó el carácter probablemente legendario de la famosa muerte por la mordedura de un áspid y la posibilidad, sugerida en el libro, de que utilizara algún tipo de veneno.
Una Cleopatra nueva, pero ¿hasta qué punto podemos conocerla?
La conversación terminó volviendo al punto de partida.
Schiff consigue desmontar de manera muy convincente a la Cleopatra reducida a amante de César y Antonio y construir en su lugar a una mujer culta, inteligente, pragmática y extraordinariamente capaz. Pero quedó también planteada una duda interesante: ¿estamos recuperando a la Cleopatra verdadera o sustituyendo un relato antiguo por una reconstrucción moderna, aunque sea mucho mejor documentada?
Precisamente ahí puede estar una de las mayores virtudes del libro. Después de leerlo conocemos mucho más el mundo de Cleopatra, comprendemos mejor sus decisiones y desconfiamos de muchos de los tópicos que la han acompañado durante siglos. Sin embargo, también somos más conscientes de todo lo que probablemente nunca podremos saber de ella.
La frase elegida para acompañar la sesión resume muy bien buena parte de lo que terminó siendo nuestra conversación:
“Cleopatra se halló a sí misma en una de las intersecciones más peligrosas de la historia: la de las mujeres y el poder.”
Quizá esa sea, también, una de las razones por las que, más de dos mil años después, Cleopatra continúa fascinándonos.
Schiff, S. (2024), Cleopatra: una vida, Los Libros de la Catarata: Madrid
