La voz moza que transforma la democracia

por Mireya Diouri

Especialista en participación juvenil y políticas públicas, actualmente es Project Manager en Talento para el Futuro, plataforma pionera que promueve la representación activa de la juventud en los espacios de decisión en España. Anteriormente trabajó en Faconauto como Responsable de Asuntos Regulatorios y colaboró con el Consulado de Uruguay en Sevilla durante su formación de posgrado en Estudios Europeos. Con una doble licenciatura en Derecho y Ciencias Políticas, ha orientado su carrera a fortalecer la presencia de los jóvenes en los sectores público y privado, impulsando iniciativas que garantizan su implicación real en los procesos de transformación social.


La situación de la juventud y su papel en la sociedad siempre ha representado un reto intergeneracional. En el contexto de los años posteriores a la pandemia de COVID-19 y en un entorno marcado por convocatorias electorales constantes –como las de 2024, año super electoral a nivel mundial, se intensificó la sensación de desconexión y desafección política. Las instituciones públicas, sin importar la ideología de quienes han ostentado el poder, mantienen una deuda histórica con la nueva generación, cuya situación económico-social promete mejoras, pero que, a efectos de relato, parece quedar varada en el proceso.

La desafección se agrava en un contexto en el que el flujo de mensajes de alera y las constantes llamadas electorales han contribuido a generar un sentimiento de hastío. Cuando el derecho al voto, especialmente entre los jóvenes de 16 a 29 años, se traduce en cifras que –en España– representan sólo un 23,4% de la población activa, la percepción de irrelevancia crece. Más que un simple desencanto, se trata de una desconexión que afecta a la confianza en la política y a la motivación para participar en la toma de decisiones.

Desde los movimientos asociativos juveniles se ha puesto el foco en la importancia de dar voz y visibilidad a esta generación. La experiencia demuestra que la juventud, con sus intereses y perspectivas diversas, es un motor clave para la renovación de las instituciones. Es por ello que las iniciativas más recientes se han convertido en canales esenciales para expresar las demandas y propuestas de aquellos que están construyendo el futuro. La existencia misma de un Ministerio de Juventud e Infancia, aunque las competencias sobre esta materia recaen en gran medida en las Comunidades Autónomas, es una apuesta para centrar en la agenda los intereses de los jóvenes.

Sin embargo, la acción política de la juventud no debe limitarse al uso del voto. Se trata de involucrarse de forma práctica en la construcción de políticas públicas que aborden, por ejemplo, el acceso al mercado de trabajo, los salarios competitivos, una vivienda digna, la emancipación temprana o el derecho a estar informados en un entrono saturado de datos. El desafío es transformar la política tradicional, que muchas veces se reduce a mensajes partidistas, en un espacio de diálogo y rendición de cuentas que reúna a la ciudadanía joven en un lenguaje propio, libre de consignas dogmáticas.

En este sentido, resulta esencial generar espacios se conversación y participación que vayan más allá de las campañas electorales. Proyectos como ‘Con voz y voto’, ‘Diálogos por el futuro’ y el foro por el futuro de Europa son ejemplos de propuestas que abren canales de comunicación directa entre representantes políticos, organizaciones sociales y jóvenes ciudadanos. Estas iniciativas buscan romper el ciclo del desencanto y promover un compromiso activo, en el que la participación no se limite a una cita electoral, sino que se convierta en parte integral del proceso de transformación social. 

La desafección política entre los jóvenes tiene sus raíces en la falta de respuestas claras a sus necesidades. La percepción de que, a pesar de un elevado número de convocatorias, la acción pública no se traduce en mejoras tangibles en su vida diaria ha alimentado la indiferencia. Este desencanto se ve reforzado por el contraste entre el discurso político tradicional y la realidad vivida por los jóvenes, quienes demandan transparencia, innovación y una comunicación que refleje sus inquietudes. En lugar de ser meros receptores, ellos quieren ser protagonistas de la construcción de un futuro más justo y equitativo.

Para contrarrestar esta situación, es fundamental fomentar una cultura de la participación y el diálogo. La educación y la formación en pensamiento crítico son herramientas imprescindibles para empoderar a la juventud, de modo que puedan analizar, cuestionar y proponer alternativas en un mundo cada vez más complejo. La experiencia de participar en movimientos sociales y asociativos contribuye a que los jóvenes comprendan que su voz tiene un impacto real, que la rendición de cuentas y la transparencia son valores imprescindibles para una democracia saludable.

En definitiva, la visión y la voz de la juventud deben ser consideradas como un pilar en la construcción y mantenimiento de un sistema democrático. No se trata únicamente de votar, sino de participar activamente en la definición de políticas públicas que respondan a sus necesidades y aspiraciones. Es hora de transformar el desinterés en compromiso, de convertir la frustración en acción y de abrir nuevos canales de diálogo entre la ciudadanía y las instituciones. 

La apuesta es clara: recuperar la confianza en la política a través del ejercicio democrático más inclusivo y participativo. Solo así se podrá transformar la desafección en una fuerza que impulse el cambio, garantizando que las futuras generaciones no sólo hereden un país, sino también la capacidad de moldearlo según sus propios ideales.