por Consejo Editorial Alexandreia
En la actualidad, los ciudadanos en el mundo han dejado de ser espectadores pasivos sometidos a contenidos generalistas disfrazados de entretenimiento. Durante décadas, los medios de comunicación procuraron mantener a su audiencia cautiva el mayor tiempo posible, monetizando su atención mediante la publicidad. Sin embargo, este modelo se ha visto desbordado por la fragmentación de audiencias y el auge de nuevas plataformas.
Hoy, los medios no son solo canales de información, sino también de entretenimiento. Las noticias sobre política, economía, deportes o cultura son presentadas estratégicamente bajo formatos que buscan captar y retener la atención del espectador. Mesas de debate, programas de análisis y tertulias fomentan la controversia para prolongar el interés de la audiencia. En este contexto, los pocos que desean información rigurosa deben recurrir a medios especializados, muchas veces de menor alcance.
La irrupción de la inteligencia artificial en este proceso es clave. Los algoritmos ya no solo filtran y seleccionan contenidos según las preferencias del usuario, sino que también generan noticias automatizadas, crean resúmenes y analizan tendencias. Esto agiliza la producción informativa, pero también plantea interrogantes sobre la calidad, la ética y la supervisión humana en el proceso de creación.
La juventud y la fragmentación de audiencias
El uso noticioso de las tecnologías digitales ha ampliado la brecha generacional en el consumo de medios. Los menores de 35 años, especialmente aquellos con mayor poder adquisitivo, son usuarios intensivos de plataformas digitales. Su consumo es más selectivo y exigente, y están dispuestos a pagar por contenidos sin publicidad que respondan a sus intereses, como en el caso de Netflix, Prime Video o Max.
En este sentido, la inteligencia artificial juega un papel crucial en la personalización del contenido. Plataformas como YouTube y TikTok utilizan algoritmos avanzados para ofrecer videos que se alinean con las preferencias individuales, maximizando así la retención de la audiencia. Esta híper-personalización plantea el desafío de los “filtros burbuja”, donde los usuarios solo acceden a información que refuerza sus creencias y gustos, reduciendo la exposición a puntos de vista diversos.
La intoxicación informativa, la posteridad y los populismos
La multiplicación de fuentes de información y la aceleración del ritmo de vida contemporáneo han dado pie a una sobrecarga informativa. El primero en lanzar una noticia parece tener la ventaja, pues la audiencia acepta el comunicado como cierto sin cuestionarlo. Más aún, esto sucede cuando una parte relevante de la audiencia está anclada a fuentes de comunicación que considera afines a su ideología. Aquí, la inteligencia artificial es un arma de doble filo: si b¡en puede ayudar a verificar datos y detectar desinformación, también es utilizada para crear noticias falsas, videos manipulados y bots que amplifican discursos polarizantes. Las redes sociales, optimizadas por la IA, facilitan la creación de narrativas que apelan a las emociones y a las creencias preexistentes, alimentando discursos populistas y reforzando sesgos ideológicos.
Quién detenta y lidera el poder en los medios de comunicación
La lealtad política de los propietarios de los grandes medios parece haber quedado relegada ante la urgencia de atraer audiencias y asegurar ingresos publicitarios. El poder en los medios de comunicación ya no está determinado solo por la influencia de grandes grupos, sino también por las plataformas tecnológicas y los algoritmos que deciden qué información se visibiliza y cuál se oculta.
Además, las redes sociales han democratizado la generación de contenido informativo. En países como Estados Unidos, Facebook ha sido una fuente clave para el 65% de los usuarios en cuanto a noticias se refiere. Sin embargo, esto también ha generado una pérdida de control editorial y ha permitido la proliferación de información no verificada.
En respuesta a este fenómeno, ha emergido una tendencia hacia el “agrupamiento colegiado” entre medios. Investigaciones complejas, como los ‘Papeles de Panamá’ o ‘Wikileaks’, han requerido la colaboración entre diversas organizaciones periodísticas, aprovechando tanto recursos humanos como tecnológicos para ofrecer información rigurosa. La IA, en estos casos, ha sido fundamental para analizar grandes volúmenes de datos y extraer patrones significativos.
Cómo afinar más la medición de audiencias para mejorar su conocimiento
La capacidad de recopilar y analizar datos sobre los usuarios se ha convertido en una herramienta estratégica para los medios. Aplicaciones de Big Data, junto con sistemas de IA, permiten entender mejor los intereses y hábitos de consumo, personalizando la oferta informativa.
Iniciativas como la de Telefónica Movistar, que desde 2018 unificó datos de clientes bajo estrictas normativas de privacidad, muestran cómo la recolección ética de datos puede ser una fuente de valor. En el futuro, la precisión en la medición de audiencias dependerá del equilibrio entre la tecnología y la protección de los derechos de los usuarios. ⬥

Quienes deseen ampliar la reflexión sobre este tema clave en la sociedad contemporánea pueden acudir a La información, del periodista y divulgador científico James Gleick (Editorial Crítica, 2013).
Este libro traza una historia fascinante sobre cómo hemos codificado, transmitido y comprendido la información a lo largo del tiempo, desde los primeros alfabetos hasta los algoritmos actuales. Una lectura indispensable para entender los desafíos del presente desde una perspectiva más amplia.
