Un otoño de Nobel

Premio Nobel

por Virginia Zorrilla


Octubre es el mes en el que se da a conocer el Premio Nobel de Literatura. Una etapa en la que los aficionados a la lectura y las letras en mayúsculas comienzan a desbrozar sus quinielas sobre quién será el ganador de uno de los galardones más deseados y más polémicos de la historia.

Un jurado de la academia sueca que aún no se ha hecho público decide quién se pondrá la corona de las letras. Autores como el japonés Haruki Murakami, Can Xue, de origen chino, las canadienses Anne Carson y Margaret Atwood, el rumano Mircea Cărtărescu o el mismísimo Salman Rushdie –estadounidense de origen indio– son algunos de los nombres de una lista de posibles triunfadores cada vez más extensa. Porque cada año, la elección de la academia sueca sorprende con sus decisiones, dando giros inesperados a lo que los lectores suponemos.

Lo cierto es que, aunque los elegidos a veces no estén en nuestro radar lector, siempre suponen una puerta abierta a entender y adentrarse en la literatura de cada país y continente. Porque de eso se trata, de viajar a través de los libros y cruzar por estrechos senderos al maravilloso mundo que ofrecen otras culturas y su manera de escribir y hasta de leer.

Aquí proponemos algunas obras de Nobel que bien merecen una lectura.

La mujer del pelo rojo del turco Orhan Pamuk, Nobel de Literatura en 2006, quien “en la búsqueda del alma melancólica de su ciudad natal ha descubierto nuevos símbolos para el choque y el entrelazamiento de culturas.”

La mujer del pelo rojo, es una novela redonda, profunda, bonita y agridulce. Una historia que transcurre en Estambul y sus alrededores en los años ochenta y que nos cuenta la vida del protagonista a raíz de su experiencia como peón ayudante de un maestro pocero al que le encargan buscar agua. Durante esta etapa, conoce a la mujer del pelo rojo, quien se convierte en el epicentro de una novela escrita bajo la inspiración del Edipo Rey, de Sófocles, y de una historia persa, cuyos protagonistas son Rostam y Sohorab. En ambas, la figura del padre y su relación con el hijo tiene tanta potencia que la historia que vamos a leer parece que esté ya escrita, condicionada por estas fábulas y mitos. Con su relato, el autor muestra el enfrentamiento creciente entre Oriente y Occidente en un país en plena transformación. Precisamente, ese pelo rojo de la mujer protagonista es el que simboliza de alguna manera el punto de inflexión del cambio.

Lo bello y lo triste del japonés Yasunari Kawabata, Nobel de Literatura en 1968, “por su maestría narrativa, que expresa con gran sensibilidad la esencia del pensamiento japonés”.

Esta novela nos lleva a través de un sinuoso recorrido por la historia de amor del pasado entre un escritor de edad madura, Oki Toshio, y una menor, Otoko Ueno, quienes vivieron un apasionado romance por el que ella finalmente quedó muy herida. Dicho amor vuelve a tomar forma en un presente en el que ellos apenas se relacionan, pero a los que tú como lector ves constantemente juntos gracias al artificio de Kawabata. En el momento de su reencuentro Otoko vive con una discípula, Keiko, cuya personalidad inquietante marca el devenir de la novela.

Con un estilo sugerente, de sentimientos y frases que no se dicen pero que se escuchan, cargado de poesía, con la presencia de la naturaleza nipona como otra gran protagonista que parece revelar el estado de ánimo de sus personajes (“La nieve cayendo sobre Kioto parece cubrirlo todo de pureza, aunque bajo ese manto sigan latiendo viejas heridas”), de violencia silenciosa y ritmo lento. Así es esta novela que nos transmite el mundo nipón, el valor de la belleza, su carácter efímero, el contraste entre la cultura antigua y la modernidad, el peso de los rituales, la presencia de la muerte, el poder de las artes…

La clase de griego, de la surcoreana Hang Kang, Nobel de Literatura en 2024 por “enfrentar traumas históricos y revelar la fragilidad de la vida humana”.

La clase de griego es pura prosa poética: una bonita y dura historia sobre almas sesgadas, no sólo en lo anímico, sino en lo físico, en el habla y la vista. Hang Kang nos presenta a una mujer que, tras perder la voz por una enfermedad en las cuerdas vocales, se matricula en un curso de griego clásico, donde entabla una peculiar y transformadora relación con su profesor, un hombre mayor solitario y enfermo.

Ambos, desde sus limitaciones —ella sin voz, él con un cuerpo que se apaga—, encuentran en el estudio del griego una forma de comunicación y de consuelo. El aprendizaje de un idioma antiguo, con palabras cargadas de resonancia, se convierte en un viaje hacia la memoria, la fragilidad y la posibilidad de renacer.

Con sus letras, Han Kang consigue transmitir las sensaciones más hondas de quienes puedan tener una condición de este tipo; nos regala sentencias con las que pensar en cada página y compone una melodía llena de agudos y graves: “Piénsalo, ¿quién puede reflexionar mejor que nadie sobre la vida? Pues aquel que puede morirse en cualquier momento… ¿Por qué? Porque como se va a morir no hace más que pensar en la vida todo el tiempo.”

Trilogía, del noruego Jon Fosse, Nobel de Literatura 2023, “por sus obras innovadoras y su prosa que da voz a lo indecible”.

El hecho de empezar un libro en el que no hay puntos es desconcertante al principio, pero después te lleva a toda pastilla por la páginas de una novela de amor preciosa en la que los protagonistas son pura poesía entre ellos. Esto a pesar de unas adversidades inimaginables en una tierra fría (los fiordos) y que les es hostil. Ellos son Asle y Alida, dos jóvenes que huyen de su aldea porque esperan un hijo fuera del matrimonio. Sin embargo, allá donde tratan de instalarse son rechazados y condenados.

Dividido en tres capítulos, la obra se va haciendo cada vez más onírica, fundiéndose realidad y pensamientos en saltos temporales en los que el hilo conductor es una manera muy sencilla pero muy profunda de tratar los sentimientos. Difícil saber el poder hipnótico de sus letras, pero son como un imán. El libro tiene magia y eso es un tesoro para un lector.

Ojos azules, de la estadounidense Toni Morrison, Nobel de Literatura en 1993, “quien, en novelas caracterizadas por la fuerza visionaria y la importancia poética, da vida a un aspecto esencial de la realidad estadounidense.”

Hay libros que no se pueden leer en cualquier momento. Ojos azules, la primera novela de Toni Morrison (Lorain, Ohio, 1931) es uno de ellos. Para leerlo hay que estar prevenido de que uno va a sumergirse en una historia (que tiene lugar en Lorain, Ohio, en los años 40) tremendamente triste y dura por la realidad que representa. La de una niña negra, Pecola, que nace en una familia pobre y desestructurada, y de quien todos dicen que es fea. Ella reniega hasta tal punto de su físico que su sueño es tener los ojos azules, como si esa fuera la solución para arreglar su mundo. Esto hasta el punto que realmente cree que los tiene. Con la novela, la premio Nobel Toni Morrison nos da una lección de una literatura maravillosa cargada de mensajes, crudos y reivindicativos: “Las niñas negras no podían ser niñas durante mucho tiempo. La infancia era un lujo reservado para otras, para aquellas con cabellos dorados y piel de porcelana. Nosotras teníamos que ser fuertes, aprender a callar, aprender a soportar. Y en el silencio, crecíamos demasiado rápido, olvidadas por un mundo que nunca nos vio realmente.”

Pura pasión, de la escritora francesa Annie Ernaux, Nobel de Literatura en 2022 “por el coraje y la agudeza clínica con que desvela las raíces, los extrañamientos y las limitaciones colectivas de la memoria personal”.

Se trata de un libro cortito que se lee en un suspiro y que se centra en describir todo lo que le pasa por la cabeza a una mujer inmersa en una aventura pasional que le nubla el sentido. Cada página se centra en analizar los saltos emocionales y racionales que pasan por la mente de la narradora, convirtiéndose en un excelente análisis de lo que implica verse inmerso en una ‘pura pasión’. Se incluye la reflexión de que, años después, desde la distancia, puede verse lo absurdo y ‘tonto’ de algunas de las cosas que se llegan a hacer por esa obsesión…

Un lugar llamado Antaño, de la polaca Olga Tokarczuk, Premio Nobel de Literatura en 2018 “por una imaginación narrativa que, con pasión enciclopédica, representa el cruce de fronteras como una forma de vida».

La historia transcurre en una pequeña aldea inventada en Polonia llamada Antaño, en la que varias generaciones de familias campesinas ven cómo les afectan los grandes cambios históricos (las dos guerras mundiales, entre otros) del mundo a pesar de estar en un lugar aislado y desconocido.

Estructurada en capítulos cortos, es una obra que al principio parece una madeja enredada, en la que, dentro de un lugar, que pueden ser todos o ninguno, se nos presenta una amplia coral de personajes complejos y raros, heridos de mil formas, atrapados, que hacen lo que pueden para salir adelante y traspasar fronteras físicas o del alma.

Se trata de una narración de gran riqueza lingüística, plagada de simbolismo, donde se mezcla lo real y lo onírico. La naturaleza y su poder sobrenatural juegan también un papel protagonista en una obra que tiene altas dosis de realismo mágico y que implica que haya que dejarse llevar por sus páginas para valorar la obra en su conjunto.