por Enrique Titos Martínez
(Granada, 1960). Economista egresado del posgrado en IESE Business School y Kellogg Business University (EEUU) con trayectoria profesional en varios grupos financieros nacionales e internacionales, en las áreas financieras, de tesorería y seguros. Casado y padre de cuatro hijos; consejero y consultor de innovación en varias empresas, experto en procesos de transformación. Creador del Consejos Asesor de Innovación Abierta (CAIA) en Caser Seguros (Grupo Helvetia). Cofundador y Director del grupo El Alcázar de las Ideas, Jurado de los Premios Knowsquare, Fundador y Presidente de la Asociación Alexandreia Club de Lectura, y fundador de Cineforum Mensajes de Cine.
Vivimos un tiempo en el que las personas buscan sentido y comunidad más allá de los vínculos efímeros que ofrecen las redes sociales como respuesta a la crisis económica y a la fragmentación ideológica. En medio de la saturación informativa y la fragmentación del diálogo público, el asociacionismo es una forma esencial de ejercicio de la ciudadanía activa: el arte de organizarse libremente para construir algo en común, que no ofrecen las empresas ni tampoco los poderes públicos.
España es un país con una extraordinaria capacidad para generar proyectos culturales y sociales, pero con una cultura asociativa aún débil. Hay miles de asociaciones registradas, pero pocas consiguen mantener continuidad, coordinación y visibilidad. Predomina el entusiasmo inicial sobre la estructura disponible; la actividad, sobre la estrategia planificada. Sin embargo, en ese espacio intermedio —entre la iniciativa individual y la acción institucional— se juega buena parte del futuro de nuestra vida cultural.
Asociarse es un gesto cívico, que afortunadamente tiene una mínima carga burocrática. Significa dar forma a un propósito compartido y sostenerlo en el tiempo. Las asociaciones son el corazón de la sociedad civil: escuelas de diálogo, de responsabilidad y de compromiso. Son el lugar donde aprendemos a escuchar, a decidir juntos, a discrepar sin romper. En un país donde la conversación pública se ha vuelto tensa y polarizada, el asociacionismo es, también, una forma de resistencia ética.
El asociacionismo cultural tiene además una fuerza particular: une el placer estético con el compromiso social. Nos recuerda que la cultura no es sólo consumo, sino conversación. Y que leer, debatir y pensar colectivamente es una forma de participación en la sociedad en el sentido más noble del término.
Desde su creación, la Asociación Club de Lectura Alexandreia ha querido ser algo más que un conjunto de clubes de lectura: un proyecto social de desarrollo de las personas, con la ayuda de la tecnología. Nuestra red se basa en una idea sencilla pero poderosa: transformar la lectura —tradicionalmente individual— en una experiencia compartida, deliberativa y autogestionada.
Alexandreia representa una nueva generación de asociaciones culturales:
- en red, no jerárquica;
- digital y presencial a la vez, sin fronteras territoriales;
- centrada en el diálogo y el pensamiento crítico, no sólo en el placer y el entretenimiento;
- y abierta a colaborar con instituciones de cualquier tipo, públicas o privadas, universidades, bibliotecas, librerías y empresas. En nuestra esencia está la asociación con terceras partes.
Nuestro modelo de funcionamiento, basado en principios comunes y en una tecnología propia, nos permite crecer sin perder nuestra identidad. Pero, sobre todo, nos sitúa en un punto singular: el de una asociación que puede generar conocimiento y experiencia colectiva sobre los hábitos, intereses y conversaciones de los lectores en España.
Esa capacidad de leer juntos y pensar juntos nos convierte en algo más que una suma de clubes: somos una voz representativa de una parte de la ciudadanía lectora.
El tejido asociativo español necesita reinventarse. Tenemos una sociedad civil viva, pero dispersa; muchos proyectos valiosos, pero pocos espacios de coordinación y aprendizaje mutuo.
El reto no está sólo en crear más asociaciones, sino hacerlas sostenibles, abiertas y conectadas.
Desde Alexandreia creemos que el futuro del asociacionismo cultural pasa por tres transformaciones:
- De la actividad a la comunidad. No basta con organizar eventos; hay que construir vínculos duraderos, redes de confianza y pertenencia.
- De la subvención al valor compartido. Las asociaciones deben ser también capaces de ofrecer conocimiento, datos e innovación social a sus aliados públicos y privados.
- De la voz local a la red nacional. Es necesario que las iniciativas ciudadanas dialoguen entre sí, compartan experiencias y construyan visibilidad conjunta.
Alexandreia puede y quiere ser parte activa de esa transformación. Nuestro proyecto puede inspirar un modelo replicable de participación cultural: un modo de reforzar la vida cívica a través del libro y de la conversación.
Podemos desempeñar tres papeles estratégicos:
- Ser laboratorio de ciudadanía cultural. Nuestros clubes de lectura son microcomunidades donde se practica el respeto, el pensamiento crítico y el aprendizaje colectivo.
- Ser aliado institucional. Alexandreia puede colaborar con administraciones, universidades y fundaciones para llevar la lectura participativa a nuevos públicos.
- Ser red de redes. En un medio plazo, podríamos conectar clubes de lectura y asociaciones culturales de todo el país, tejiendo un mapa nacional del asociacionismo lector.
En un mundo que parece fragmentarse, asociarse es una forma de recomponerlo. Crear vínculos, escucharnos, debatir, aprender juntos: eso es también cultura. Alexandreia no nació para ser un fin en sí misma, sino una herramienta para devolver a la lectura su dimensión social y al ciudadano su papel activo en la cultura.
Por eso decimos que en Alexandreia no sólo leemos: conversamos. Por eso nos gusta llamarnos #LectoConversadores.Y quizá ahí —en esa conversación colectiva y persistente— esté el verdadero futuro del asociacionismo.
